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Podría pensarse que para escuchar la voz de un fantasma es necesario habitar en las sombras, guardar silencio bajo una luna intimidante y rebuscar en los anaqueles donde almacenamos los más diversos prototipos del miedo.
Acaso tememos que el sueño nos venza y nos deje a merced de esa parálisis previa a la aparición de nuestros temores latentes, esos que sembramos cuando no logramos explicar la realidad.
Esta grabación nos ha devuelto las voces de esos fantasmas durante un instante de su jornada terrenal.
La primera parte nos traslada al 24 de marzo de 1945, durante la toma de posesión de Genaro Fernández Macgregor como rector de la UNAM.
Después, tras una extraña pausa digna de ese mundo espectral, se escucha la voz firme y apasionada de José F. Vásquez, un hombre que fue mi padre, entrevistado por Radio UNAM.
Su voz, desvanecida en mi memoria, estuvo perdida en los laberintos de la vida hasta que la investigación y la fortuna nos la devolvieron.
Es un breve testimonio de su paso por el mundo y de su prolongada labor cultural de más de tres décadas en la Universidad. Es el eco de una orquesta hoy nonagenaria y de los proyectos que dieron origen a nuestra actualidad.
Este fragmento sonoro amplifica cada detalle del rumbo que tomamos.
A partir del minuto 3:55 se le puede escuchar en un documento entrañable para la familia e interesante para la historia de nuestra música; el fragmento captura un instante de aquellos tiempos que forjaron nuestro presente.
Todo ello quedó plasmado en un esbozo sonoro que amplifica, letra por letra, el esfuerzo invertido en enfocar el rumbo que nos trajo hasta aquí.
Las voces del pasado se pueden escuchar si afinamos el oído: habitan en los muros y en los atriles, en los aromas de cada partitura y bajo las luces del escenario. Incluso podemos intuirlas en la causa del efecto que hoy somos. Porque el pasado nos demuestra que nada es espontáneo; todo es fruto de un proceso cimentado en el trabajo, el talento y la pasión de quienes nos precedieron. Un legado que, al mismo tiempo, se revela enormemente frágil ante la ingratitud y la naturaleza caducifolia de la memoria humana.

La imagen superior nos muestra a la Orquesta Sinfónica de la Universidad, dirigida por el maestro José F. Vásquez, durante una de los conciertos de la Temporada de 1952 en el Alcázar de Chapultepec. La OSU fue la primera orquesta en utilizar tal escenario como sede alternativa.
El Palacio de Bellas Artes, El Anfiteatro Bolívar, el Auditorio de la Facultad de Medicina en Ciudad Universitaria, y las isletas en CU junto a la Torre de Rectoría, fueron las sedes de las diferentes temporadas de la OSU durante sus primeros 25 años de existencia.