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Su vida y obra, rescatada en un libro por Gabriel Pareyón
Patricia Velázquez Yebra
El Universal, 13 de septiembre de 1997.
A pesar de ser considerado una de las figuras más importantes del siglo XX en el campo de la música, cuya trayectoria abarcó la dirección orquestal, la pedagogía y la composición, la obra del maestro José F. Vásquez es prácticamente desconocida por el público, debido a que se encuentra inédita, dispersa y una pequeña parte de ella se ha perdido.
Empeñado en revalorarlo y darlo a conocer entre las nuevas generaciones de músicos y melómanos, el joven investigador y compositor Gabriel Pareyón realizó un libro titulado José F. Vázquez. Una voz que a los oídos llega, el cual se presentó en la sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario, con los comentarios de Arturo Azuela, Juan José Osorio Palacios, José Antonio Robles Cahero y el hijo del maestro, el escritor y dramaturgo, José J. Vásquez Torres, investigador inicial de la figura y de la trayectoria del maestro.

La imagen superior nos muestra en el orden acosumbrado, al maestro Arturo Azuela, a la maestra Luz María Puente, al licenciado Juan José Osorio, al escritor José J. Vásquez Torres, jio del maestro y heredeo universal de la obra, al maestro José Antonio Robles Cahero, al autor del libro, Gabriel Pareyón, y a Raúl Herrera, funcionario de Música de la UNAM.
José F. Vásquez (1896-1961), director y compositor jalisciense, es también considerado el máximo promotor de la ópera mexicana durante la primera mitad del siglo XX, además de haber destacado en el ámbito de la enseñanza como maestro fundador del Conservatorio Libre, de la Escuela Libre de Música y Declamación y de la Escuela Nacional de Música, así como de la actual Orquesta Filarmónica de la UNAM.
Su participación como director huésped de diferentes orquestas durante sus giras por Europa, Asia y América fue muy encomiable, lo mismo que su obra como compositor, la cual consta de siete óperas, cuatro sinfonías, tres conciertos para piano y orquesta, dos conciertos para violín y orquesta, una sinfoneta, una misa de réquiem, un ballet, una colección de 60 lieder, dos poemas sinfónicos y una gran cantidad de obras de cámara.
Gabriel Pareyón comentó que en las tres áreas (dirección, pedagogía y composición) tuvo un desempeño muy notable. Sin embargo, lamentó que el reconocimiento que se le ha dado sea mínimo.
«Hace un año se conmemoró el LX aniversario de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, de la que fue cofundador junto con el maestro José Rocabruna en 1936, y en ningún momento se mencionó a estos maestros fundadores».
Indicó que el maestro Vásquez tuvo una formación muy sólida que se refleja en su obra. Sin embargo, en algún momento se despojó del academicismo y hacia 1926 comenzó a componer en un estilo menos imitativo del romanticismo, convirtiéndose en uno de los principales exponentes del impresionismo musical mexicano, con cierta influencia entre los compositores jóvenes.
«Al maestro Vázquez no le interesaba trascender como compositor nacionalista, no tenía interés en componer bajo un canon ideológico o una moda estética. Sin embargo, en su obra se manifiesta una leve inclinación hacia esta corriente estética, como se advierte en su ballet La ofrenda, en el que da rienda suelta a un lenguaje más personal y menos imitativo de las composiciones románticas que había hecho. Este ballet tiene mayor frescura, autenticidad y originalidad, el cual cuenta con un libreto de exaltación azteca, muy a la usanza nacionalista. Y aunque no utiliza instrumentos autóctonos, como sí lo hicieron muchas obras posteriores de Carlos Chávez, Silvestre Revueltas o Candelario Huízar, emplea efectos que se acercan a la música indígena».
El maestro Vásquez recibió también una formación muy tradicional en cuanto a técnica de dirección orquestal, lo que no impidió darle un gran impulso a la Orquesta Filarmónica de la UNAM, la cual nació en una época en que el presupuesto para estas agrupaciones era prácticamente nulo.
«El maestro hizo esfuerzos muy grandes para que la orquesta sobreviviera y poco a poco logró que tuviera un patronato que la hizo navegar hasta los años 70. A su muerte, se llevó a cabo una reorganización de la orquesta y es cuando llegó el maestro Eduardo Mata, quien también hizo una labor muy reconocida con la agrupación».
A decir de Gabriel Pareyón, fue el maestro Vásquez el que buscó una fuerte vinculación de la orquesta con los estudiantes.
«Presentó muchos conciertos en el anfiteatro ‘Simón Bolívar’, que se llenaba a su máxima capacidad; además de que comenzó los conciertos al aire libre que tuvieron mucho éxito en esa época, como los mercados populares, Chapultepec y otros sitios muy frecuentados por la gente».
Al poner énfasis en la manera en que se ha olvidado al maestro Vázquez, «no por circunstancias exclusivamente musicales», añadió que tiene la esperanza de que a partir del homenaje que se le rindió el año pasado en Guadalajara, con la participación de la Orquesta Filarmónica de Jalisco que interpretó algunas de sus obras, así como la publicación de este libro, inicie una etapa de recuperación de su legado.
José F. Vásquez Cano murió cuando estaba casado en segundas nupcias con una mujer mucho más joven que él, la cual falleció también tres años después, dejando dos niños de 10 y 7 años de edad.
«Todo su material quedó a la deriva, lo cual contribuyó a que su obra se dispersara y cayera más en el olvido. Con los años, una parte de esta obra fue a dar a la biblioteca de la Escuela Nacional de Música de la UNAM».
Fue ahí donde Gabriel Pareyón inició su investigación en torno de José F. Vásquez, además de recurrir a testimonios de personas que lo conocieron, así como a fuentes hemerográficas.
Nota importante:
El libro incluye una semblanza, un catálogo de las obras, la dotación instrumental, testimonios de sus allegados, textos del propio sobre su pensamiento musical y las obras perdidas. Asimismo, este artículo, uno de los primeros publicados en prensa, es una pieza clave porque contextualiza la publicación del libro biográfico de Gabriel Pareyón en 1997, detallando con precisión el catálogo de las composiciones de Vásquez y aportando datos sobre el destino de sus archivos tras su muerte.
A todo lo largo del artículo se ha coregido el apellido del maestro, tradicionalmente mal escrito, y se ha cambiado a Vásquez, que es el correecto en este caso.

La imagen superior nos muestra, el retrato del maestro José F. Vásquez y el libro de Gabriel Pareyón, «Una voz que a los oídos llega, editado por la Secretaría de Cultura del estado de Jalisco, en 1996.