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Jorge Velazco.
José Francisco Vásquez (1896-1961), también producto social del área tapatia de Rolón y Miramontes, fue alumno de Julián Carrillo y recibió un premio de manos de Porfirio Díaz (1896-1961), razones al parecer suficientes para obtener el derecho a la congelación profesional por parte de Chávez y su grupo.
Su culta y bien acabada música, de inquietud nacionalista pero tamizada por los ecos de las voces creadoras de Ricardo Castro y Ernesto Elorduy en cuanto a su relación con esferas muy concretas de la vida mexicana, no sólo fue totalmente ignorada por la escuela oficial, sino que puede actualmente considerarse perdida.
Vásquez fue un importante promotor de la música mexicana, sobre todo de la obra de los autores que no comulgaban con Chávez, y su actividad en ese campo alcanzó niveles misionales. Vásquez omitió la referencia nacionalista directa en los títulos de sus obras y su orientación estética no estaba muy lejana del espíritu de Massenet con toques cercanos a Debussy; sin embargo, los temas mexicanos empapan sus composiciones, como se puede ver en la ópera Citlali (1922) y en Tres acuarelas (1929), las diversas colecciones de Lieder para canto y orquesta (1929, 1930, 1932, 1934, 1939 y 1960) y las cinco series de Impresiones para piano (c. 1920-1927).
Su obra no tuvo, ni ha tenido la proyección que merece y que la estructura profesional de la música mexicana requiere. La última representación de Atzimba de Castro fue dirigida por Vásquez, antes del extravío -quizá definitivo- de la partitura manuscrita del autor, que condiciona la extinción de la más importante obra mexicana del siglo XIX,ya que jamás alcanzó el favor de una edición. Antes Cuauhtémoc (1929).
(Fragmento de: El nacionalismo musical mexicano – Jorge Velazco) Cuadernos de música iberoamericana, Vol. 6, 1998.Periódico Milenio Diario de Jalisco – 18 de julio de 2001.