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En especial a los jóvenes músicos, a quienes me hubiese encantado estrechar la mano.
«El que tiene salud tiene esperanza; el que tiene esperanza lo tiene todo», dice el proverbio.
Una ecuación demostrativa que se va tejiendo a los hechos que vamos viviendo, y que suele alterar todo eso que forma parte de nuestros proyectos, como si el cuerpo no se enterara de ellos, aunque es todo lo contrario.
Desde hace tres años había estado viajando a México por estas fechas, tras una prolongada ausencia de 17 de no hacerlo. Los motivos eran varios, pero principalmente han sido, disfrutar de la cosecha de 39 años de trabajo contra el olvido de mi padre y de su vasta obra musical, la que por cierto, por razones naturales, no podré oír en su totalidad.
De ahí que cada uno de mis viajes recientes los esperaba yo con mucha ilusión. En ellos he ido escuchando la voz de su espíritu, y por tanto fragmentos de mi herencia que, en algunos casos, fui a recuperar de bazares de la Lagunilla y de tianguis en Buenos Aires y en Madrid. Ya se imaginarán la emoción que casa uno de esos momentos me han provocado.
Otro motivo tiene que ver con la presentación de mis últimos libros allá, antes que en Barcelona, y una tercera razón, ha sido volver a la ciudad en que nací aprovechando el tiempo todo lo posible para disfrutarla, y para refrendar mis querencias originales, con mis amigos de toda la vida, con mis exalumnos y con las hijas que sin serlo han sido un regalo de la vida. Uno nunca deja de ser mexicano, además, el exilio multiplica el orgullo de serlo, principalmente por la cultura a la que pertenecemos y a la que en muchos casos menospreciamos. Una lacra muy antigua todavía oculta detrás de los biombos mentales que nos distancian unos de otros, y de lo que en el fondo somos.
Pero cuando aparece el pero, todo se va al garete. Y el pero es mi salud.
Hace 43 días me atacó el virus del herpes zoster, y créanme, es una tortura inimaginable. Por fortuna el virus remitió hace días pero las secuelas con dolores intensos pueden durar incluso meses, según me han dicho los médicos. Y en esas me encuentro.
Todo esto me hace imposible viajar para continuar con mi trabajo de puente entre el olvido y la memoria, en favor de las generaciones futuras, en mi papel de Heredero Universal de la obra de mi padre, transitorio, claro está, como todo en la vida.
Soy una pausa y me voy, dijo Paz, ¿se acuerdan? Ha sido así desde el principio y así ha de ser la síntesis.
Y les puedo asegurar que no hay nadie en el planeta que lamente tanto mi ausencia hoy, ahí, entre ustedes, los músicos del futuro, a quienes pronto la vida les hará preguntas fundamentales dentro de su profesión; es posible que ya les estén rondando.
Las respuestas dependen de su voluntad y en buena medida perfilarán su rumbo musical. Yo, que soy un escritor, hijo de músicos, he recorrido casi toda la ruta viniendo desde una orfandad precoz que propició el expolio de todos mis bienes, y si cambié mi vida fue para buscar las partituras de mi padre, extraviadas luego de aquella tormenta, y todo con tal de volver a mi origen: la música. La música a través de la recuperación del acervo de mi padre.
Y esto es lo que hoy les ha traído a esta sala en gran número (espero) pues lo más importante ha sido el descubrimiento generalizado, nota por nota, frase por frase, obra por obra, de la calidad de la música de este hombre que fue mi padre, y que habla por sí sola, y mucho mejor que todo lo que yo podré contar de él. Además de que el video que verán será una ventana más fiel que mi palabra.
En teatro decimos que el personaje no es lo que dice ser, sino lo que los demás dicen que es…
Y es así como yo he ido descubriendo quién fue José F. Vásquez. Ustedes tienen la ventaja de poder descubrirlo con otros ojos, profesionales y más objetivos. Y de poder interpretarlo, algo que yo no podré hacer nunca.
Espero pues que hoy descubran la puerta de entrada del Gran Fantasma de la Música Mexicana, y que se adentren por sus territorios que el siempre fijó con su lema: Crear, amar…
Los invito a entrar a la página web contra su olvido, abierta gracias a una colecta popular: josefvasquez.com
Hace mucho que me inscribí en el Ojalá, y a él me remito de nuevo, pues el año que viene, José F. Vásquez cumplirá 130 años desde su natalicio. Ojalá que la UNAM lo recuerde como uno de los fundadores de lo que yo llamo, el trípode nodal de la cultura universitaria, que ha servido de fundamento para lo que hoy somos, creando aulas, orquestas, métodos, y fuentes de trabajo, y lo dé a conocer y lo interprete con el mismo orgullo que yo siento.
Y si pudiera elegir un deseo útil hacia el futuro en general de nuestro país, sería que con su labor como generación joven y actuante, den ustedes un paso más a lo que fuimos y por tanto a lo que somos, y esto sólo habrá de ocurrir si defendemos a nuestra cultura musical, seguros de que nadie podrá hacerlo mejor, pero sobre todo, porque nadie más en el mundo lo hará.
La realidad está ahí para ser cambiada, sino, ¿para qué esta?
Este pensamiento me ha venido impulsando para sentir que he cumplido mi parte.
39 años hasta hoy, han sido el escenario de una misión casi todo el tiempo en solitario, tan ingrata como maravillosa, convencido de que si hay voluntad siempre hay camino, porque las herramientas para combatir al olvido de mi padre han sido tan simples como rudimentarias: Curiosidad y trabajo.
Y es que de hecho existen dos formas esenciales de ver la vida: con miedo, o con curiosidad. Y por fortuna, José F. Vásquez, a quien recuerdo en sus últimos días de vida componiendo su última ópera: Vasco Núñez de Balboa, sobre su viejo Rosenkranz, me enseñó a descubrir la fuerza de la curiosidad.
Lo demás, es vivir. Porque la vida enseña pero no explica…
Muchas gracias a la maestra Tere Navarro por permitir que la figura de uno de los fundadores de la querida antigua Escuela Nacional de Música, haya vuelto esta tarde a su casa para que los jóvenes, profesores y alumnos, lo sitúen lejos del olvido en el que estuvo por décadas.
Y muchas gracias también a quienes hoy debiera yo estar acompañando en la mesa. Porque yo he rescatado papeles pero ellos les han dado vida. Porque la música no es un archivo coleccionable, y no reivindica su existencia hasta que se escucha.
Que la luz continúe comiendo sombra…
Y que todo fluya.
Por mi raza aún tiene mucho que hablar, el espíritu.
Muchas gracias.
José J. Vásquez Torres.
En las imágenes superiores se pueden apreciar diversos momentos del evento, con la participación de los maestros, Víctor Nájera, Josué Olvera, Israel Barrios, Patricio Solórzano, Guadalupe, todos integrantes del Colectivo AcercArte, y como invitada especial la soprano Estefanía Quezada.











