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Barcelona, abril 29 de 2026.
Amigos todos, reciban un saludo afectuoso desde mi atalaya frente al Mediterráneo, pero recíbanlo con cierta dosis de envidia, y es que después de 40 años trabajando contra el olvido de mi padre, y recuperando sus partituras, en algún caso hasta en un bazar de la Lagunilla o en tianguis de Buenos Aires o de Madrid, hoy que se asoma el tiempo de la cosecha, nada podía desear más que haber estado ahí, entre ustedes en el Alcázar de Chapultepec; ese marco maravilloso que hoy los recibe con todos sus fantasmas, incluyendo a mi padre.
Porque Chapultepec me lo recuerda sentado sobre una lancha, remando; avanzando pero sin dejar de mirar su procedencia. Una lección en tempo allegro que aprendí de ese músico que fue mi padre, y que jamás olvido.
Y es que el olvido de alguien que fundó lo que hoy es la OFUNAM, de la que fue su director por 25 años, que también fue fundador de la hoy Facultad de Música también de la UNAM, y que fue el primer jefe del servicio de radio universitaria, hoy Radio UNAM, es difícil de explicar.
Más aún si éste, mi amado fantasma, fue un director internacional que llevó el nombre y la música de México por lugares tan lejanos como Japón, la antigua Yugoeslavia o Noruega, por citar algunos ejemplos, como batuta de orquestas tan importantes como la de la BBC en Londres, la de Radio France en Paris, o la del célebre Teatro Colón en Buenos Aires.
Pero hay fantasmas como él, que en vez de asustarnos nos deslumbran usando la voz de su espíritu como vínculo intemporal, y este es el caso de José F. Vásquez, de quien hoy escucharemos una de sus 73 obras para la voz humana: el Réquiem a cuatro voces desiguales, escrito en la primavera de 1926, y dedicado “A la memoria de mis seres queridos”…
Y como tal dedicatoria no señala algún tiempo específico, hacia su pasado o hacia el futuro que ya no vivió, en este nuestro presente, me incluyo como dedicatario y los incluyo a todos ustedes, pero agrego, por un lado mi gratitud por haber podido llegar a este momento, a pesar de la distancia, pero por el otro, mi envidia por la misma razón…
Contradicciones que uno tiene no obstante la edad…
Mi agradecimiento sincero para quienes han hecho posible esta noche entre fantasmas: A los maestros, Víctor Nájera, Josué Olvera, Jessie Velasco Omar Hernández, a todo el equipo técnico a cargo del evento, pero con especial cariño a las 94 voces que hoy nos han de transmitir el mensaje del Gran Fantasma de la Música Mexicana, quien siempre firmó sus obras: Crear, amar.
Buenas noches y buena vida para todos, y que la luz continúe comiendo sombra… conmigo o sin mí.
José J. Vásquez Torres


