José F. Vásquez y Daniel Ayala cultivaron por casi tres décadas una amistad que también resultó ser una fructífera alianza en favor de la música mexicana, tanto dentro del país como en el extranjero.
Su estrecha colaboración los llevó, por un lado, a consolidar la fundación y el inicio de la Orquesta Sinfónica de Yucatán en 1944, como fruto de la invitación que Ayala le hizo a Vásquez para que colaborara con él como Director Artístico.
Asimismo, Vásquez integró al repertorio de sus giras internacionales como director huésped, la obra sinfónica de Ayala, convirtiéndose así en una brillante mancuerna dedicada a difundir con orgullo la obra mexicana, tanto en Mérida como en ciudades como Londres, Bruselas, Bergen, Buenos Aires, Paris o varias de las entonces capitales de la antigua Yugoeslavia, como Belgrado, Zagreb o Liubliana. El período entre 1944 y 1952 de la Orquesta Sinfónica de Yucatán es considerado como una etapa dorada para la música culta en la capital yucateca.
La etapa de Daniel Ayala Pérez (1944-1955) al frente de la OSY:
En 1944, el reconocido compositor yucateco Daniel Ayala Pérez oficializó e institucionalizó nuevamente la orquesta bajo el cobijo de la Dirección General de Bellas Artes.
En este periodo la fisonomía de la orquesta —con participación formal de mujeres con vestidos de gala claros y hombres en frac o traje formal, como se aprecia en el ala izquierda y derecha de la foto— se consolidó notablemente.
El concierto inaugural de la etapa de Daniel Ayala Pérez aconteció la noche del 15 de noviembre de 1944 en el majestuoso Teatro Peón Contreras de Mérida.
El maestro José F. Vásquez dirigió su primer concierto al frente de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, precisamente durante la temporada inaugural de 1944, compartiendo y alternando el podio con el director titular, Daniel Ayala Pérez, y con el maestro Luis G. Garavito.
Tras el concierto de gala del 15 de noviembre de ese año, Vásquez tomó la batuta en los conciertos subsecuentes de esa primera temporada histórica de noviembre y diciembre de 1944. Gracias a esa cercana amistad y colaboración con Daniel Ayala —quien lo invitó formalmente a sumarse como director artístico y huésped durante el proceso de reorganización de la orquesta—, el repertorio inicial bajo su dirección incluyó un fuerte impulso a la música nacional y europea.
Esta fructífera relación artística permitió que Vásquez regresara constantemente a Mérida como una de las batutas principales de la agrupación entre 1944 y 1952.
La conexión entre ambos maestros no fue una simple coincidencia de agenda, sino una alianza estética y un profundo lazo de amistad. Ambos compartían la firme convicción de que la música de concierto en México debía descentralizarse de la capital y poseer una profunda identidad nacional.
La alternancia en el podio
Vásquez, que ya era una figura de enorme peso en la Ciudad de México —fundador de la Escuela de Música y director de la Orquesta de la UNAM (hoy OFUNAM)— y que había sido el primer Jefe del Deparamento de Radio de la Universidad, aportó un rigor técnico e institucional invaluable para la naciente orquesta. Ambos directores se turnaban las semanas de concierto, permitiendo que la orquesta ensayara repertorios complejos en tiempo récord.
Durante su gestión y visitas a Mérida entre 1944 y 1952, la OSY interpretó varias de sus composiciones más importantes, ejecutando selecciones de sus cuatro sinfonías y, de manera muy habitual, su emotivo Intermezzo de El Mandarín, que gozaba de gran aceptación popular por su lirismo dramático. Asimismo, la orquesta presentó conciertos para instrumento solista, como su Tercer Concierto para Piano, fue una de las cartas fuertes que el maestro presentaba en las provincias mexicanas usando a los talentos locales o solistas que viajaban con él desde la Ciudad de México.
Al ser considerado el gran campeón de la ópera mexicana en el Palacio de Bellas Artes, en Mérida también fueron presentados fragmentos orquestales y suites de sus óperas consagradas, como Citlali (premiada a nivel nacional), El Mandarín o El Rajah, formando parte del repertorio que la orquesta yucateca ensayaba bajo su enérgica batuta.
Las reseñas de los conciertos donde se estrenaban obras de Ayala o de Vásquez derramaban fervor patriótico y regional.
La prensa celebraba que el Teatro Peón Contreras no fuera solo un contenedor de música europea muerta, sino un taller vivo donde la identidad maya y el México moderno se fusionaban en clave sinfónica.
El concierto a orillas del Potomac
Sin embargo por su naturaleza y lugar donde aconteció, destaca la gira que juntos realizaron a los Estados Unidos, y de la que aquí se da cuenta:
En este verano de 1946, el movimiento de intercambio cultural con los Estados Unidos de América ha recibido nuevo impulso con motivo de la reciente visita de dos distinguidos músicos de México, que fueron huéspedes de la Orquesta Sinfónica Nacional, y que dirigieron, por primera vez en la capital, varias composiciones mexicanas.
El maestro José F. Vásquez, director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue conductor huésped en dos de los conciertos de verano de la Sinfónica de Washington, y que se efectúan al aire libre, en conciertos masivos llevados a cabo en la barcaza flotante del Water Gate, sobre el río Potomac que se celebraban exclusivamente durante los meses de junio, julio y agosto, aprovechando el clima estival de Washington D.C.
Acompañó a Vásquez el maestro Daniel Ayala, director de la Sinfónica de Yucatán, y debido a sus grandes éxitos en el tema de la música maya, el señor Ayala, fue motivo de inusitado interés.
Durante el primer programa dirigido por el maestro Vásquez, introdujo el poema «Chapultepec», de Manuel M. Ponce, compuesta de tres esquemas de motivos folklóricos mexicanos.
El crítico del «Washington Post» los describió como «definidos con claridad, y de una vitalidad fresca y natural en la cualidad ‘folklórica de la música”.
En el mismo programa figuró el «Intermezzo para instrumentos de cuerda” de Rafael Tello. El «Washington Star» comentó que ambas obras tienen el encanto del color espontáneo y la fuerza descriptiva derivada de la imaginación poética.
El director mexicano terminó su primer programa con el poema sinfónico de Víctor De Sabata, «Juventus», que también fue ejecutado en Washington por vez primera, y que fue el punto culminante de la maestría del director visitante.
«Su fina musicalidad y su conocimiento de los contrastes orquestales estuvieron en todo momento presentes durante su actuación», dijo el crítico del Washington Star.
En su segundo programa el señor Vásquez presentó una composición del maestro Ayala titulado «El Hombre Maya».
El doctor Glenn Dillard Gunn, uno de los más prominentes críticos musicales de Washington, no escatimó elogios al trabajo de Ayala, diciendo:
«El compositor abriga la convicción de que es importante definir el espíritu y los giros idiomáticos de su propio pueblo… Su tema demostró ser decididamente original, no obstante que gran parte de él se produjo en la escala pentáfona, la cual es la base de la mayor parte de la música primitiva en casi todos los pueblos. Ayala la ha desarrollado efectivamente y sin necesidad de recurrir demasiado a los métodos europeos aceptados».
Vásquez presentó también en ese último programa «Acuarelas de Viaje». El Dr. Gunn comentó:
«El estilo orquestal está lleno de colorido y las tonalidades empleadas se derivan principalmente de la escala de seis tonos.
Los conciertos veraniegos al aire libre de aquel año a orillas del río Potomac, en Washington, sellaron esa alianza entre los dos músicos.
El binomio Ayala-Vásquez fue sin ninguna sombra de duda un motor de gran importancia para nuestra música, y un ejemplo de amistad y generosidad entre dos de los más grandes promotores y músicos mexicanos del Siglo XX.
La imagen de arriba muestra la nota de prensa del 29 de julio de 1946, en El Unversal, dando cuenta del concierto en Washington DC a orillas del Potomac.
La imagen superior nos muestra el aspecto de un concierto de la OSY dirigido por José F. Vásquez, quien aparece junto con Daniel Ayala, en el que probablemente Sonia Finkel tocó el Concierto No. 3 para piano y orquesta del propio maestro Vásquez. Esta notable pianista mexicana interpretó varias veces este concierto entre los años 1945 y 1949.