Cuando la ópera mexicana venció a un empistolado famoso: Diego Rivera

Agosto 08 de 2026

Hace tiempo me topé con un dato dentro del Diccionario Enciclopédico de Música en México, Tomo 2, (2007) del doctor Gabriel Pareyón, que no pude ampliar y contrastar, por lo que se quedó en mi bandeja de pendientes. Hoy, gracias a la asistencia de la inteligencia artificial, por fin he podido verificarlo. Se trata de una elocuente anécdota vivida por José F. Vásquez, retrato perfecto del «México bronco» postrevolucionario y de los años más duros del partido oficial.

Además, este relato nos permite mirar por el ojo de la cerradura el ambiente cercano a la inauguración oficial del Palacio de Bellas Artes, en 1934.

Seis años antes, en 1928, esta misma compañía ya había hecho historia en ese escenario al presentar, por primera vez, un espectáculo operístico: Atzimba, de Ricardo Castro. Por lo que la reposición de esta joya volvió a inaugurar esta nueva temporada pero con el agregado singular de… un empistolado interrumpiendo el ensayo de la siguiente ópera que se presentaría dentro de la temporada.

Todo esto nos lo cuenta una recopilación histórica y documental de notas de prensa, programas de mano y crónicas musicales de la Temporada de ópera de agosto de 1935 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Que fue integrado por el programa siguiente, publicado así:    

La Compañía de Opera Mexicana, S. C. L., que dirigen el maestro José F. Vásquez y don Alberto Michel, eligió para iniciar su breve temporada de un mes en nuestro suntuoso Coliseo, una obra de abolengo, admirada por la generación actual, acaso porque no la conoce…

Los estimables cantantes Luz María Vásquez, Clementina G. Cossio, Ricardo C. Lara, Ignacio Bolaños, José Corral y Pedro Garnica, tuvieron a su cargo los personajes centrales, desempeñándolos con loable decoro. El público, integrado en su mayoría por elementos extranjeros, escuchó con interés la partitura del maestro Castro, cuyo retrato apareció en el pórtico orlando con banderas tricolores, y aplaudió con entusiasmo pasajes tan bellos, como la romanza “Visión, visión primera…”, el Dúo de Amor, el Concertante del segundo acto, la Invocación final a la Diosa de la Luna y, sobre todo, el maravilloso Intermezzo.

1935

Palacio de Bellas Artes

Agosto 3 y 4, Compañía de Ópera Mexicana S. C. L., Pro Arte Nacional

Atzimba (Castro)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Heliodoro Oseguera, Escenografía: Gonzalo de la Selva, Coreografía: Lettie H. Carroll

Atzimba: Luz María Vásquez, Sirunda: Clementina González de Cosío, Jorge de Villadiego: Ricardo C. Lara, Hirepan: Ignacio Guerra Bolaños, Huepac: José Corral, El Rey Tzintzicha: Pedro Garnica.

Palacio de Bellas Artes

Agosto 10, Compañía de Ópera Mexicana Pro Arte Nacional

El Mandarín (Vásquez)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Heliodoro Oseguera

Si-Tchun: Luz María Vásquez, Tcha-I: Ignacio Guerra Bolaños, Wen Siu: Ana María Carrasco, Tu-Fu: Ricardo C. Lara, Li Kiang: José Corral.

En programa con Lisisca de Alberto Flacheba.

Palacio de Bellas Artes

Agosto29/Septiembre 1 [por la noche], Compañía de Ópera Mexicana Pro Arte Nacional

El Rajáh (Vásquez)

Concertador: José F. Vásquez, Escena: Francisco Díaz

Mahina: Luz María Vásquez, Mantamí: Ricardo C. Lara, El Rajáh: Carlos Mejía, Sacaontola: Clementina González de Cosío, Darma: María Esther Cerdeño, Natali: Ignacio Guerra Bolaños

El santón: José Corral

Sin embargo, durante uno de los ensayos previos a la presentación de El Rajáh, ocurrió lo impensable; un hecho digno del far west; retrato fiel de los personajes en cuestión y del México de entonces, cuando ya se ve que hacer ópera fue una actividad peligrosa.

De esta manera fue consignado por la prensa, probablemente El Universal, dice la recopilación antes mencionada.

PROTESTAN LOS ARTISTAS DE LA ÓPERA.

Nota de Prensa Roja / Denuncia:

El apartado final titulado así, en mayúsculas: «PROTESTAN LOS ARTISTAS DE LA ÓPERA», es la transcripción exacta de una nota informativa publicada en la sección de policía o cultura de la prensa nacional. Reporta un altercado histórico real: la irrupción violenta de Diego Rivera y su grupo armados con pistolas en el escenario principal del teatro, interrumpiendo el ensayo de la compañía debido a las acaloradas disputas ideológicas y estéticas que Rivera sostenía en esos días contra David Alfaro Siqueiros en las salas contiguas del Palacio de Bellas Artes.

Una comisión de la Compañía Mexicana de Ópera que actúa en Bellas Artes, integrada por el Director General de la misma, profesor José F. Vásquez, maestro Heliodoro Oseguera, Jefe de la Sección de Música de la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes; maestro Fernando Burgos, representante de la orquesta y los cantantes, Flora Islas Chacón, Clemia Cosío e Ignacio Guerra Bolaños, estuvo anoche en nuestra redacción para formular enérgica protesta en contra del pintor Diego Rivera.

La tarde de ayer, según nos dijeron el señor Vásquez y sus acompañantes, “cuando los elementos de la Compañía de Ópera Mexicana estudiaban para llevar a cabo la representación que debía efectuarse anoche, hizo irrupción en la sala y en el escenario un grupo de escandalosos encabezados por Diego Rivera, quien, según se sabe, sostiene una discusión con David Alfaro Siqueiros en el salón de conferencias [actual sala Manuel M. Ponce] del mismo Palacio de Bellas Artes; pero como no les agradó ese recinto decidieron ocupar el Teatro y nos lanzaron, con insultos, amenazas, pistola en mano, sin respetar a las damas que se encontraban en el ensayo.

Como resultado de esto, hubo de suspenderse la función de la noche, después de haber hecho fuertes erogaciones para la celebración de la velada que se había anunciado desde hace varios días…

El desenlace de este tenso conflicto en agosto de 1935 combinó la intervención de las autoridades de Bellas Artes, una resolución de «guerra ideológica» entre pintores y la posterior consolidación de los artistas musicales afectados.

A continuación, se detalla cómo concluyó el altercado y qué pasó con los involucrados:

1. La resolución del «Zafarrancho» en el Teatro.

El escándalo de esa noche obligó a la dirección del Palacio de Bellas Artes a intervenir de inmediato para desalojar a la facción armada. Aunque la función de ópera tuvo que ser cancelada de emergencia debido al pánico y a la interrupción de los ensayos técnicos, las autoridades reforzaron la seguridad interna para evitar que las acaloradas asambleas políticas de los muralistas se desbordaran nuevamente hacia los escenarios artísticos. Diego Rivera fue amonestado públicamente por la prensa y las instituciones debido a su comportamiento hostil contra las mujeres y los cantantes de la compañía.

2. El fin de la polémica Rivera-Siqueiros. La irrupción en el escenario fue un daño colateral de una de las disputas teóricas más famosas del arte mexicano: las conferencias «Muralismo y Revolución» que se celebraban en la actual Sala Manuel M. Ponce.

El debate: David Alfaro Siqueiros acusaba a Rivera de ser un «oportunista y pintor de la burguesía» que hacía arte para los muros oficiales del gobierno. Rivera, por su parte, defendía su libertad estética.

El desenlace pictórico: El pleito ideológico no destruyó su relación de largo plazo, pero causó que ambos delimitaran sus espacios de trabajo.

Paradójicamente, ambos terminaron pintando sus obras cumbre dentro del mismo Palacio de Bellas Artes meses y años después (como El hombre controlador del universo de Rivera y Nueva Democracia de Siqueiros).

Diego Rivera, El Hombre controlador del Universo, 1934.

David Alfaro Siquieros, Nueva Democracia, 1945.

El nivel de hostilidad verbal escaló tanto en la Sala Manuel M. Ponce que las groserías, los retos a golpes y los amagos con armas de fuego se volvieron incontrolables. Fue precisamente la necesidad de «airear» la confrontación y de llevar camorristas de apoyo lo que hizo que la facción de Rivera rompiera los límites del salón de conferencias e hiciera irrupción violenta en el escenario principal, interrumpiendo las actividades de los músicos de la ópera bajo la justificación de que «el espacio del debate les quedaba chico.

3. El triunfo de la Compañía de Ópera. A pesar del trago amargo, la Compañía de Ópera Mexicana Pro Arte Nacional no se disolvió.

Tras reagendar la función suspendida, completaron con éxito su temporada en septiembre de 1935, logrando representar las óperas mexicanas El mandarín y El Rajáh.

El director y principal afectado, el maestro José F. Vásquez, capitalizó el apoyo del gremio musical tras el atropello sufrido.

Solo un año después, en 1936, fundó la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) (originalmente Orquesta de la Universidad Nacional), convirtiéndose en una de las figuras culturales más influyentes y respetadas de la historia de la música en México.

Esta última definición de don José F., también corrió a cargo de la prensa de la época, que como nadie por aquel entonces, pudo imaginar que un músico tan respetado (sic) terminara siendo El gran fantasma de la música mexicana, vencido por un olvido institucional que intentó borrar su paso por la aventura humana.

A 92 años de distancia de aquellos actos bochornosos cometidos dentro del Palacio de Bellas Artes, tal vez lo más triste es que los enemigos de la ópera mexicana ya no carguen una pistola pero sigan siendo, por un lado, la ignorancia y la falta de trabajo investigativo; por el otro, la falta de consciencia y de orgullo suficiente para defenderla del colonialismo mental siempre en boga.

La realidad está ahí para ser modificada, si no, ¿para qué está? …

Con esta frase como fuerza motriz se han recorrido estos 40 años de trabajo; los resultados me parecen aún insuficientes, pero el olvido absoluto ha sido derrotado por una labor/hormiga y por el trabajo de grupos de jóvenes músicos mexicanos, que hace tiempo decidieron ir más allá del menú servido por el viejo statu quo, en pos de un estilo que hoy nos retrata en la eterna búsqueda de un empeño que siendo como es nuestro país, siempre se topará con empistolados.

La imagen principal del encabezado, corresponde al cartel de propaganda del primer espectáculo presentado sobre el escenario del entonces Teatro Nacional, el 16 de septiembre de 1928… (Para lograr los fondos para la terminación de las obras del teatro, hoy Palacio de las Bellas Artes)

Un pequeño pero gran dato, revelador de uno de los rasgos del maestro Vásquez: su solidaridad con la cultura musical mexicana, utilizando su talento y su trabajo como difusor de la ópera nacional al servicio de la culminación de un templo del arte.

El Palacio de las Bellas Artes a finales de la década de los años 30.

La imagen superior nos muestra una fotografía de prensa del estreno de la ópera El Rajáh, el 14 de junio de 1931, en el Teatro Arbeu; al centro el maestro José F. Vásquez.