Modernismo, identidad nacional y las Impresiones (1922-1927) de José F. Vásquez, ejemplos del primer Impresionismo musical en México

Por Eduardo Flores Aguirre, mayo de 2017. – Estudiante de Maestría en Musicología, UNAM.

Introducción

En el presente artículo explicaré cómo los artistas de la corriente Modernista establecieron las estructuras de relación con el poder político que fueron aprovechadas por los artistas que dieron identidad y legitimidad al régimen revolucionario. El cambio radica en un nuevo discurso ideológico orientado hacia la creación del arte nacionalista.

Los modernistas y el poder político

En México, durante el periodo del porfiriato, los lineamientos estéticos que venían de Francia tenían una enorme aceptación y valoración entre los intelectuales y artistas del país. El primero de ellos, el Modernismo, representa un movimiento de amplios alcances que involucra desde una visión y estilo de vida, hasta corrientes y teorías artísticas particulares. El segundo, el Impresionismo, componente importante del Modernismo, fue una corriente artística de gran importancia tanto en la pintura, la literatura y, por supuesto, la música.

En lo que respecta al Modernismo, veremos cómo los literatos adheridos a esta corriente propiciaron una relación diferente con la clase política, a diferencia de los hombres de letras de la generación anterior. Pero repasemos rápido qué es el Modernismo.

El término Modernismo, como lo explica Max Henríquez Ureña, denomina un «movimiento de renovación literaria en la América española (…) [que] fue ante todo, un movimiento de reacción contra los excesos del romanticismo…». Entre sus principales exponentes están Rubén Darío (1867-1916), José Martí (1853-1895), Amado Nervo (1870-1919), Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) y José Juan Tablada (1871-1945).

El Modernismo como corriente artística influyó en otras disciplinas, pues marca una nueva manera de concebir el arte rechazando todo academicismo ortodoxo, y, simultáneamente, sintetizando la aportación de las principales corrientes anteriores a ella. Parte medular de la estética del Modernismo es su exaltación de los procesos de sinestesia en la creación artística, o por lo menos, su emulación e integración como parte de la técnica artística, originados a partir de sensaciones y percepciones. Esta perspectiva teórica y poética fue igualmente importante para los artistas del Impresionismo.

El Impresionismo apareció en Francia en 1874, a raíz de la exposición presentada por un grupo de pintores independientes que no seguían los lineamientos estéticos de la Academia. En pintura, el impresionismo se caracteriza por su manifiesta intención de captar la luz y su incidencia en los objetos, tal como los ve el ojo, y fuera del medio controlado como lo es el estudio. Por lo tanto, los pintores impresionistas revolucionaron la técnica al salir a pintar al aire libre.

Pronto, otras artes fueron fuertemente influenciadas por sus preceptos estéticos al evidenciar preocupaciones similares a las de los pintores impresionistas, como es el caso del compositor francés Claude Debussy (1862-1918), quien decía: «Mi deseo es reproducir lo que escucho». La música impresionista se caracteriza, entre otras cosas, por la valoración del timbre o «color» del sonido, como elemento de desarrollo.

La década de 1920-1930, el debate sobre la identidad nacional

En los primeros años posrevolucionarios, los intereses artísticos del país estaban tomando un rumbo muy diferente, acogiendo y promoviendo todo lo que se presentaba como representante de «lo nacional», provocando que los artistas de generaciones anteriores —algunos de ellos que incluso se habían formado en Europa— se adaptaran a los nuevos requerimientos estéticos o los combinaran con sus antiguos estilos estéticos.

La influencia del Modernismo sobre el papel de los artistas en la sociedad dejó un legado permanente en la relación de los intelectuales con el poder, impactando fuertemente en el Ateneo de la Juventud, para quienes la revaloración del mundo estético tiene una fuerte implicación educativa.

La diferencia entre modernistas y ateneístas radicó en que los primeros pensaban en sus pares, en la élite artística e intelectual, de ahí su inclinación cosmopolita; mientras que los segundos se propusieron civilizar a las masas, debilitando el elitismo modernista al invocar la idea de espíritu y el concepto de mestizaje. Así pues, el concepto de civilidad de los ateneístas resulta más acorde con la ideología del nuevo régimen revolucionario, que veía en los modernistas un reflejo de la dictadura porfiriana. En este proceso fue fundamental la figura de José Vasconcelos.

Sin embargo, los intelectuales revolucionarios mantuvieron las estructuras y las formas de la relación que los modernistas establecieron con el poder, así como la oferta de un capital simbólico, cuyo valor cultural e ideológico era legitimador del régimen. Asimismo, el cambio de régimen también implicó un cambio de discurso en el arte: ahora los artistas, en vez de dirigirse a la élite artística, se dirigen, la mayoría de las veces, a un sector que antes no era tomado en cuenta: el pueblo.

Esto desató un debate muy importante sobre cuál es el arte nacional; la respuesta parecía lógica de acuerdo al origen de la revolución: pues el arte que hace el pueblo. Y entonces se realizaron toda una serie de misiones «evangelizadoras» para recolectar la música del pueblo. Muchos compositores académicos, acorde con las exigencias estéticas en turno, adoptaron el empleo de materiales folclóricos en sus composiciones, producto de esa labor de investigación. Se comenzó por definir cuáles eran los géneros de auténtica expresión popular, entre los cuales se encontraba el corrido y el jarabe.

Pero, durante esa década, otros compositores siguieron con las propuestas estilísticas y estéticas de los modernistas, para quienes no existía aún una ruptura con su tradición, pues apenas se iba a consolidar la institucionalización del arte que daría identidad a la nación. Tal es el caso del compositor José F. Vásquez (1896-1961), particularmente con sus cinco series de piezas para piano, Impresiones, escritas entre 1922 y 1927, en pleno debate sobre la identidad nacional.

Las cinco series de Impresiones (1922-1927) de José F. Vásquez

Quienes nos dedicamos a la musicología tenemos que explicar la música como una expresión de los fenómenos sociales y culturales del momento en que fue creada. Por otra parte, también tenemos que dar cuenta de las características intrínsecas de la música. Para esto, debemos tomar en cuenta que el análisis de las estructuras musicales nos puede dar una clave del pensamiento musical del compositor y, por tanto, el papel que juega este pensamiento en relación con otros personajes del campo, en el ámbito musical y los diferentes puestos o relación con el poder. Sin embargo, pido una disculpa al lector, ya que ese análisis quedará pendiente para otra ocasión.

Me limitaré a mencionar sucintamente alguna interesante característica de las cinco series de Impresiones, como que en ellas, en sus formas predominantemente simétricas, se les añaden los ingredientes impresionistas, los cuales no parecen presentarse de acuerdo a sus propias necesidades de desarrollo. Esto me lleva a pensar en ellas como piezas experimentales y como una necesidad del autor de dialogar con las tendencias internacionales. Al mismo tiempo, su fuerte arraigo tonal es un indicio de las preferencias estéticas del compositor, pues en esta época se cuestionaba la pertinencia y vigencia del sistema tonal y, sobre todo, que su potencial expresivo parecía agotarse junto con las formas musicales que en ella se reproducían.

En el contexto de un compositor urbano formado en el conservatorio, la influencia de las prácticas académicas puede ser determinante, como señala Gabriel Pareyón: «José F. Vásquez insinúa ya en su periodo maduro de compositor, a través de sus textos manuscritos, su propia convicción de que lo ‘nuevo’ debe estar alimentado por las bases teóricas asimiladas en la experiencia académica…». Esto explica su estima por el uso del sistema tonal como el más autorizado por generaciones de músicos del canon clásico.

Para Vásquez, el modernismo, entendido como tendencia vanguardista, es una necesidad, una consecuencia lógica y, por tanto, inevitable, cuyo problema es la irreflexiva rendición ante lo novedoso:

El modernismo, una etapa lógica en la creación musical, se ha constituido en un problema tremendo para el creador. Su preocupación constante es no quedarse atrás, hablar el lenguaje del momento; pero esto obliga a muchos a ser deshonestos consigo cuando convierten el placer de crear en un proceso puramente cerebral.

Para concluir, podemos considerar que en Vásquez, su reticencia a crear temas de carácter nacional o folclórico, su no condescendencia a lo popular, revelan que parte de su ideal estético, por lo menos en la década del veinte, se encuentra en las convicciones de los modernistas. Igualmente, su participación en la fundación de la Facultad de Música de la Universidad (1929) puede ser interpretada como esta actitud «de lujo o buen tono», en palabras de Carlos Chávez, que revela su idea de «élite» artística e intelectual. Y así, algunas aportaciones de la corriente Modernista terminaron perdiendo terreno frente al nacionalismo y su determinante peso institucional.


Bibliografía

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Notas al pie

[1] Max Henríquez Ureña. Breve historia del modernismo. México: Fondo de Cultura Económica, 1978, p. 11.

[2] Véase Ídem, p. 13 y ss.

[3] Claude Monet (1840-1926), Edouard Manet (1832-1883), Edgar Degas (1834-1917), Camille Pissarro (1830-1903), Paul Cézanne (1839-1906), entre otros.

[4] Institución creada en Francia en 1816 con el fin de establecer las normas estéticas del arte clásico del siglo XIX en la pintura, la música y la arquitectura.

[5] El impresionismo representa una revolución en la historia del arte porque reorienta los valores estéticos de la creación y la apreciación artística….

[6] Christopher Palmer. Impressionism in music. Nueva York: Charles Scribner’s, 1973. p. 18.

[7] El timbre es la cualidad que permite diferenciar un sonido de otro….

[8] El sociólogo francés Pierre Bourdieu propuso la teoría de los campos….

[9] Recordemos que los escritores de generaciones anteriores además de dedicarse a la producción literaria, desempeñaban cargos públicos….

[10] Luis Fernando Barajas. Una plutocracia literaria: Crónica, crítica y poder en el modernismo mexicano. México: UNAM, 2014, p. 139.

[11] En Europa, desde comienzos del siglo XIX… se venía consolidando la autonomía del campo artístico….

[12] En este proceso la figura de José Vasconcelos (1882-1959) fue fundamental….

[13] Es muy reveladora la transfiguración o el paralelismo que tuvieron estas misiones culturales con la vieja evangelización….

[14] Sería interesante analizar si la estética del primitivismo… es ideológicamente más cercana a la mentalidad de las masas.

[15] Es importante señalar que el empleo de técnicas impresionistas en la composición musical no es propio de los compositores que no integran el canon «duro» del nacionalismo.

[16] El campo es el conjunto de relaciones que establece un grupo de individuos ligados por una profesión… (Pierre Bourdieu).

[17] Las formas musicales también son un ámbito de sociabilidad.

[18] El impresionismo musical ha sido analizado como una reinterpretación del sistema tonal (Jim Samson/Christiane Heine).

[19] Gabriel Pareyón. José F. Vásquez: Una voz que a los oídos llega. Guadalajara: 1996. p. 17.

[20] Vásquez citado en Pareyón. Op. Cit. p. 17.

[21] La única obra de Vásquez conocida con motivos regionales es el tercer movimiento de su Tercer Concierto para Piano (1936/1954)… y la temática indigenista de La Ofrenda (1931).


Galería de Imágenes

Impresiones para piano, Reverie, de la tercera Serie.