Hacia los 130 años de haber comenzado a transitar la aventura humana…

-Año 2026- 130 aniversario del Natalicio de José F. Vásquez.-No.1-

Detrás del prolongado extravío de las partituras de mi padre, hay una historia que acompaña cada una de las recuperaciones. Hoy les cuento la que duerme detrás del Intermezzo de la ópera El Mandarín.

Llevaba yo poco más de cuatro años de haber iniciado, y todavía no había conseguido ninguna interpretación, prácticamente nada, salvo el rescate de algunas partituras en sí.

Esta es la primera obra sinfónica, suya, que escuché en vivo, en 1990, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta del maestro italo-norteamericano, Frank Collura, a quien había yo conocido fortuitamente, luego de verle dirigir brillantemente, la Sinfonía No.2 de Brahms al frente de la OFUNAM, unos meses antes. Les cuento…

Al final del concierto me colé para ir a felicitarlo en su camerino como cualquier melómano desconocido para él. Ahí comenzamos a charlar contándole yo quién había fundado la orquesta que él acababa de dirigir, cuándo, dónde… El inexplicable efecto del olvido de su figura y poco más. La historia le interesó tanto que el tiempo se nos fue y cuando ya me despedía, nos dimos cuenta de que su transporte de vuelta al hotel se había confundido dejándolo ahí, solo. Entonces yo me ofrecí a llevarlo pero antes lo invité a comer.

La conversación en el Cluny en San Ángel fue larga y cálida, y en un momento me prometió que algún día dirigiría algo de mi padre. Su empatía me conmovió aunque viviendo él en Pennsylvania, de entrada se me hizo muy difícil, pero como ya desde entonces me había yo inscrito en el Ojalá, lo llevé a su hotel, y en ese raro estatus entre inspirado y reforzado, me encaminé a mi casa con una lucecita encendida.

Mantuvimos el contacto a través del correo antiguo, medio por el cual yo le iba contando mis magros avances dentro de la búsqueda de las partituras todavía extraviadas, y de mis muy contados avances en la investigación sobre la vida y trayectoria de don José F., así como de mis fracasos en la gestión de algún concierto.

Un buen día me llama por teléfono y me pregunta si tengo alguna partitura sinfónica lista para ser ejecutada; la ópera El Mandarín era la única partitura original orquestal recobrada hasta entonces, sin editar por cierto, así que le dije que sólo podría ser el Intermezzo. Me contó que lo habían invitado a dirigir a la Orquesta Sinfónica de Minería, y que él se había adelantado a nuestra llamada, pidiendo la inclusión de una obra de Vásquez. El maestro Luis Herrera de la Fuente, por entonces titular de la agrupación, se sorprendió pero le dijo que si él tenía la partitura se haría. Hasta ese momento, nadie en México había accedido a programar alguna obra de mi padre, y por antesalas e intentos la cosa no había quedado. Durante muchos años y en algunos casos, hasta el presente, me han transmitido la sensación de que me harían un favor.

En la fecha programada, Frank llegó y nos vimos varias veces.

El programa, lo recuerdo, se completó con el Concierto No. 2 de Saint Saëns, llevando como solista al malogrado pianista brasileño José Feghali, ganador del Van Cliburn de 1985 y curiosamente nacido en el año de la muerte de mi padre, y con la Segunda Sinfonía de Sibelius. Todavía por ahí existen fotos de una visita conjunta a mi casa, así como otras de una cena previa al viaje de Frank de vuelta a los Estados Unidos.

De esa forma, Frank se convirtió en el primer director interesado, quien además cumplió su palabra empeñada meses antes, para que un gran fantasma hubiera emprendido su resurrección desde el olvido absoluto.

Frank Collura fue un caballero; amén de un gran director de orquesta, que la fortuna hizo que apareciera en mi camino justo a tiempo para contrarrestar mi desánimo, para fincar un primer paso contra el olvido de mi padre, y a quien siempre recordaré el día del ensayo previo al concierto, gritar desde el podio:

¡José, Your father was a genius!…

Seis palabras lumínicas que me despertaron, dándome una primera idea sobre la importancia del corpus musical de ese señor músico que había sido mi padre, y que jamás había escuchado desde niño.

Aún me veo ahí en la Sala Nezahualcóyotl vacía, registrando en mi pequeña grabadora las primeras notas musicales de mi padre; mi única herencia. Una grabación muy mala pero tan entrañable como un primer amor, porque de alguna forma casi mágica, cumplió su función resucitadora.

Por eso mi gratitud hacia Frank no alcanza a expresar la importancia de su aparición dentro de este largo empeño que en el año 2026 llegará a cumplir los 40 años.

Thank you, Frank. Always thank you, my dear friend.

La magnífica interpretación aquí grabada, estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, bajo la batuta del maestro venezolano, Christian Vásquez. Escrito así como nosotros, con s y con z.

En las imágenes superiores aparecen, en el orden acostumbrado, el maestro Frank Collura, el programa del concierto de la Orquesta Sinfónica de Minería, la Sala Nezahualcóyotl, el maestro Christian Vásquez, y los integrantes de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, encabezados por su director titular, el maestro José Luis Castillo.


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