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Su padre, compositor nacido en Arandas, Jalisco, el 4 de octubre de 1896, falleció en la Ciudad de México el 19 de diciembre de 1961, cuando él apenas tenía 10 años. Y 36 meses después murió su madre, la violinista Gloria Torres, quien trabajó en orquestas como la de Chucho Ferrer y acompañó a figuras populares como Toña «La Negra» y a jazzistas como Nat King Cole.
Junto con la orfandad comenzó a fincarse el olvido, hasta que su hijo, Omar Vásquez, preguntó un día, con la candidez de los 7 años: «¿Verdad que mi abuelo está en la enciclopedia?».
Fue una pregunta «gatillo» que disparó el deseo, cuenta, «de ir en busca del origen, cruzando la cortina de aquel olvido tan higiénico y tan útil que usé para construir mi mundo encima de la desaparición completa, en tan solo 5 años, de una familia: la mía».
Tenía 34 años cuando comenzó a investigar quién era José F. Vásquez, un hombre aficionado a la música desde pequeño, al grado de que sus padres tuvieron que vender el piano en que estudiaba horas y horas con la pretensión de desviarlo de su afición para que siguiera una carrera de las llamadas «liberales», como ha escrito el musicólogo e historiador Gabriel Saldívar.
En entrevista, con motivo del 125 aniversario del músico que fundó y dirigió por 25 años la Orquesta Filarmónica de la UNAM y de quien también se conmemoran, este domingo, seis décadas de su fallecimiento, Vásquez Torres cuenta cómo, tras perder a todos los parientes con los que vivía, las personas que se encargaron de él y de su hermana los despojaron de sus bienes, incluidas las partituras de alrededor de doscientas obras.
Esas partituras fueron «parte nodal de un expolio ejecutado a rajatabla y en poco tiempo. Dos niños huérfanos no representaron ningún obstáculo para su ejecución», dice sobre él y su fallecida hermana, María Rosa.
«Cuando quise regresar a mi casa -estaba en un internado- ya no existía. No tenía absolutamente nada. Fue un cambio terrible», rememora el escritor.
Buscar el rastro de su padre implicó convertirse en detective, una labor que se ha prolongado más de 30 años, durante los cuales ha localizado 187 partituras de quien también fundó Radio UNAM, la Facultad de Música de esta misma Universidad y la Compañía Mexicana de Ópera.
Considera que las instituciones culturales deberían involucrarse en el rescate del acervo de su padre, en reciprocidad a la labor que él realizó en ellas.
«El mío ha sido (un empeño) muy detectivesco, en un sentido casi alegórico del asunto. Por ejemplo, en enero pasado aparecieron unas sonatas para piano en un tianguis del oriente de la Ciudad de México. También rescaté hace años unos preludios en un bazar de La Lagunilla. Esto ha estado lleno de recovecos y de vueltas de tuerca, que para un guión sería buenísimo».
También frecuentó a los músicos de las orquestas donde trabajó José F. Vásquez, entre otras personas, y siguió las pistas que le daban hasta por fin encontrar a una antigua secretaria del compositor. Ella le ayudó a recuperar muchos recortes de prensa de los años 30 y 40.
«Y me guió hacia otras personas que podrían tener material de todo tipo. Yo buscaba principalmente las partituras, pero no desdeñaba si encontraba, digamos, un programa de mano del año 40 en Colombia. Así fui siguiendo este hilo detectivesco de caras, nombres y lugares», explica el escritor, quien recibía clases de piano de su padre, un
profesor «muy serio y exigente, apostado detrás del humo de un habano Montecristo, siempre oscilante entre el fuego y la extinción, dentro de los límites de la gran biblioteca de olor también inolvidable».
Una de las partituras que su padre le dedicó el 13 de octubre de 1959 fue hallada fortuitamente el mismo día, pero de 1987. Vásquez Torres considera tal coincidencia como una señal.
«El 13 de octubre de ese año no pudo ser más perfecto para recobrar la partitura de la Pequeña suite para piano, dedicada de su puño y letra: ‘Para mi hijo José Jesús… 13 de octubre… de 1959’. Una sincronicidad, diría (Carl Gustav) Jung, emergida como señal del buen camino».
La anécdota, dice, le cimbra cada que vez que la recuerda, y cada vez que halla una partitura se demora mirándola, aspira su olor, repasa sus dedos sobre el papel.
«Gracias al encuentro, partitura por partitura, esta obra de toda la vida de un músico pasó a ser un fragmento de mi organismo emocional. Desde aquel día ese músico al que muy poco conocía ha hecho más dulce mi calidad de vida, y cada vez que le pienso creo oír mejor el pulso de mi corazón».
Vásquez Torres anuncia que a principios del próximo año se grabará un primer disco compacto dedicado a la música que su padre, primer mexicano en dirigir la Orquesta de la BBC en Londres, compuso para piano, y existe un proyecto con la soprano María Katzarava para el montaje de la ópera El último sueño, estrenada en el Palacio de Bellas Artes el 28 de mayo de 1961 por un elenco encabezado por Plácido Domingo y Marta Ornelas.
El material reunido, así como las grabaciones y las actividades relacionadas con la obra de José F. Vásquez pueden consultarse en un sitio enriquecido: www.josefvasquez.com.
DIGITALIZACIÓN DE UN LEGADO
La obra de José F. Vásquez se encuentra dividida en dos grandes bloques que resguardan, respectivamente, el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical (Cenidim) de INBA y la biblioteca de la Facultad de Música de la UNAM.
Existen partituras localizadas que aún no han sido devueltas y varias extraviadas de las que se buscan todavía sus rastros.
Se puede considerar que un 90 por ciento del total de la obra ha sido recuperada, o al menos localizada, y que solamente el archivo bajo custodia del Cenidim ha culminado el proceso de digitalización. El resto se encuentra en vías.
El catálogo de la obra de José F. Vásquez que ha logrado recuperar su hijo durante más de tres décadas de búsqueda incluye ocho óperas, cinco sinfonías, tres conciertos para piano y orquesta, dos conciertos para violín y orquesta.
Y también el tríptico sinfónico Tres acuarelas de viaje, la Sinfonietta, la Suite romántica para orquesta de cuerdas, una Misa de réquiem, el ballet La ofrenda y las cantatas IV Centenario de la UNAM y Liberación, así como una serie de 60 lieder con textos en español y en latín y numerosos estudios para piano, tríos, sonatas, romanzas para cuerdas y piano, mazurcas y preludios para piano.
José F. Vásquez recibió diversos reconocimientos en vida, entre ellos el nombramiento como Hijo Predilecto del Estado de Jalisco y dos condecoraciones: la José Clemente Orozco o la Condecoración al Mérito, que le fue entregada por el Presidente Adolfo López Mateos en 1959.