Los fantasmas de la Escuela Nacional de Música

Octubre 07 de 2025

La hoy Facultad de Música de la UNAM está de celebración.

Como hijo de uno de sus fundadores, el 7 de octubre de 1929, me alegro profundamente; de algún modo, mi información genética conserva la luz de aquella lucha inicial.

En ese entonces, un grupo de profesores del Conservatorio Nacional de Música —encabezado por José F. Vásquez— se plantó en total desacuerdo con el director de la época, quien se oponía a la creación de una escuela de música paralela al Conservatorio. Irónicamente, años después, la UNAM rindió homenaje a ese mismo director, mientras el tiempo y el olvido tejían el velo que hoy envuelve a esta fotografía.

La fundación no fue obra de una sola persona, sino de una iniciativa colectiva de profesores y alumnos disidentes del Conservatorio Nacional de Música, dirigido entonces por Carlos Chávez. Este grupo decidió separarse de dicha institución para defender su estatus universitario y asegurar que la enseñanza musical profesional permaneciera dentro de la UNAM tras el movimiento de autonomía de 1929.

Al decretarse la autonomía de la Universidad en 1929, Chávez propuso enérgicamente la integración de la Escuela de Música, Teatro y Danza, antes Conservatorio, a las fuerzas artísticas oficiales. No veía con agrado el Conservatorio integrado en la Universidad, y afirmó en sus publicaciones periodísticas que México no necesitaba doctores ni bachilleres en música.

La nueva ley al realizar el sueño universitario da margen a la realización del sueño artístico: «El Conservatorio en la Universidad es tan sólo un órgano complementario, mientras en el departamento de Bellas Artes, es un órgano fundamental». En 1929, la Escuela Nacional de Música y Danza pasaba entre otros organismos a formar parte del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública. Según Chávez, en países jóvenes como México es preciso que el arte, para su prosperidad, esté bajo el decidido patrocinio del Estado. La polémica levantada por sus afirmaciones y la secuela de actos y protestas contra Chávez por la segregación de la escuela de Música, Teatro y Danza de la Universidad, dieron lugar a la petición de un grupo de jóvenes, respaldados por varios maestros, de crear una Escuela Universitaria de Música.

Aunque la inauguración solemne y el inicio de cursos ocurrieron en octubre, el proceso formal de creación de la actual Facultad de Música (FaM) contempla dos momentos clave adicionales:
7 de agosto de 1929: Fecha oficial en la que se decretó legalmente la fundación de la escuela.
29 de agosto de 1929: Día en que el Consejo Universitario de la UNAM aprobó de manera formal la incorporación de los estudios musicales profesionales a la estructura universitaria.

Entre los académicos, músicos e impulsores destacados que integraron este grupo fundador y su cuerpo docente inicial sobresalen:

Estanislao Mejía, primer director de la escuela.

José Francisco Vásquez: Coorganizador clave de la escuela, pilar de la extensión académica y posterior fundador de la orquesta universitaria (hoy OFUNAM).

José Rocabruna: Reconocido violinista y director de orquesta que se unió de inmediato al claustro docente.

Alba Herrera y Ogazón: Pianista, escritora y la primera historiadora de la música en México, encargada de las primeras cátedras y de registrar la memoria institucional.

Juan G. Belaunzarán: Destacado profesor de guitarra.

Francisco Reyna Reguera: Profesor encargado de la cátedra de violonchelo.

Rodolfo Martínez Cortés: Profesor fundador en el área de cuerdas.

Consuelo Escobar de Castro, Dolores Pedrozo y Carlos Castro: Cantantes y pioneros de la sección de enseñanza de canto.

Ramón Hernández: Profesor de clarinete y saxofón.

Melquíades Campos: Músico encargado del área de instrumentación.

Y otros como los maestros, María Caso, Agustín C. Beltrán, Santos L. Carlos, Fausto Gaytán, Dolores Pedrozo, y Miguel C. Meza. A todos ellos pronto se sumaron, Juan D. Tercero, Luis G. Saloma, Manuel M. Ponce, Ramón Serratos, Pedro Minchaca, y Angélica Morales.

Hoy casi todos convertidos en fantasmas detrás de la historia.

Entre todos esos rostros eternizados por el blanco y negro de una fotografía, quienes arriesgaron su estabilidad laboral, y quizás más, se encontraba José F. Vásquez. Él, con la firme idea de fundar una orquesta sinfónica, declinó asumir la dirección de la naciente Escuela Nacional de Música, institución que hoy festejamos.

Sin duda sería justo y muy pertinente que las nuevas generaciones de músicos conozcan con claridad los nombres y la trayectoria profesional de cada uno de estos pioneros. Ellos dieron el primer paso en un mundo lejano y bicolor, plagado de adversidades y carestías, escribiendo el prólogo de lo que hoy es una gran institución.

Asimismo, en el caso de los fundadores que fueron compositores, como mi padre, el estudio y divulgación de su obra merece ser incluida con regularidad en los planes de estudio, cursos y conciertos de nuestras orquestas. La semilla debe sembrarse aquí y ahora, para que la música mexicana de concierto se piense, se investigue, se trabaje y se interprete con el orgullo que merecen celebraciones como la de hoy.

Y no hablo solo por el Gran Fantasma de la Música Mexicana, como yo le llamo, sino por una gran cantidad de creadores olvidados en la cara oculta de nuestra historia musical debido, en buena medida, a razones extramusicales.

¡Larga vida a la Facultad de Música de la UNAM!

Va un goya emocionado desde el Mediterráneo...

Mis felicitaciones y un fuerte abrazo a la maestra Teresa Navarro Agraz, actual directora, y a la maestra Tere Coral, por toda su colaboración en la recuperación del acervo de mi padre. También a todo el profesorado y, en especial, a los alumnos; en sus manos, voces y corazones está la futura transformación de la realidad que hoy conocemos.

Porque la realidad está ahí para eso… si no, ¿para qué está?

Con 39 años de trabajo de investigación a las espaldas, les puedo asegurar que cuando hay voluntad, siempre hay un camino.

Que por nuestra raza hable mucho más el espíritu a través del corpus musical que nos legaron nuestros antepasados. Ellos también fueron mexicanos en una cultura a contracorriente, igual que nosotros hoy.

Su música, al fin y al cabo, es solo papel y no existe hasta que se escucha. Y merece, sin duda, volver a los oídos de su patria.

Por cierto, el joven treintañero de traje claro en la fila superior (el tercero desde la derecha, en posición de tres cuartos) es uno de los fantasmas que hoy conmemoramos.

Mi favorito…

¡Enhorabuena y que todo fluya!

La imagen superior corresponde al antiguo Edicifio de Mascarones, primera sede de la entonces Escuela Nacional de Música de la UNAM.

Esta imagen nos muestra la entrada a la hoy Facultad de Música de la UNAM.