Esquizofrenia universitaria

Esquizofrenia universitaria
Por Samuel Máynez Champion  
Es motivo de alegría que la Fundación Príncipe de Asturias haya galardonado en este 2009 a la Universidad Nacional Autónoma de México con su premio de Comunicación y Humanidades. Los méritos de nuestra universidad,
considerada como el mayor centro de enseñanza de habla hispana en el mundo, fueron obvios en el momento de su designación, aunque es de destacar que el galardón se otorgó también como reconocimiento a su generosidad. Recordemos que la UNAM se prodigó en darle cobijo a aquella generación de exiliados españoles que escapó del horror de la guerra civil para reencontrar en México la vida y el aprecio denegados por su patria. Una pléyade de filósofos, científicos, artistas y demás académicos forzados al destierro llegó para ensanchar con sus saberes la cultura nacional. Entre ellos se contaban, nada menos, que siete rectores universitarios.
Recibido el premio es oportuna la reflexión: ¿Por qué a nuestra benemérita Alma Mater no le costó trabajo promover la valía de aquellos eminentes españoles y en cambio se atora tanto en el reconocimiento de su propia gente? ¿Cómo
puede hablar nuestra raza si las manifestaciones del espíritu se menosprecian por sistema? ¿Dónde está la  congruencia entre las actitudes y postulados que enarbola la máxima casa de estudios? ¿Son siempre sus hombres más aptos en quienes recaen los destinos universitarios?…
Viene muy a pelo citar el compromiso hacia las artes, y en especial hacia la música, que asume desde su inicio en 1980 la Fundación Príncipe de Asturias. En primera instancia reconoce las graves deficiencias de la educación musical
que se imparte en el Principado asturiano confiando a pie juntillas en los beneficios y cohesión social que la buena música proporciona. Instaura, pues, un intensivo programa de coros para todas las edades y una vez que se instila la necesidad de hacer música funda una escuela que abre sus aulas a niños y jóvenes de cualquier procedencia. Para la titularidad de las cátedras contrata a maestros de renombre entre los que sobresalen Los  virtuosos de Moscú quienes, al cabo de un trabajo serio y bien coordinado, logran resultados loables.1
En menos de tres décadas Oviedo se convierte en referente para las actividades artísticas de la región y en capital europea de la cultura. Asumiendo que los asturianos tienen razón en concederle preeminencia al arte sonoro, vale la pena encauzar la lectura hacia la somera mención de las incongruencias y deslealtades que imperan en nuestra máxima casa de estudios; al menos en el ámbito musical. ¿No es de extrañar que al momento de la planeación de la Ciudad Universitaria a nadie se le haya ocurrido incluir un espacio para su facultad de música? ¿No llevaba ésta
suficientes lustros como inquilina incómoda en distintos edificios universitarios?2
¿No había sido un desdeño manifiesto que la extinta facultad de música – actualmente Escuela Nacional de Música − hubiera tenido que funcionar durante sus primeros seis años de vida dentro de los retazos de tiempo que la Facultad de Filosofía y Letras dejaba libre?3
¿Por qué no existe un aula con el nombre del primer director de la facultad y, en cambio, en el Centro Cultural del campus universitario existe una Sala para conciertos de cámara bautizada en honor del principal detractor de la música hecha por universitarios? ¿No es una aberración que la Orquesta Filarmónica de la Universidad no se haya dignado difundir la vasta producción musical de su fundador y que tampoco contemple una vinculación efectiva con los egresados de la Escuela Nacional de Música? ¿Por qué se nombró en 2001 como titular de la Dirección General de Música a un abogado que hizo de su gestión un escaparate para sus veleidades musicales?…
Intentemos algún esclarecimiento.
Contra toda evidencia, a la música se le ha otorgado a regañadientes el estatus de ciencia exacta y su inclusión dentro de las carreras universitarias ha costado pleitos y lágrimas. Digamos, escuetamente, que la incorporación de las maestrías y doctorados en música es una conquista en vías de desarrollo cuyos frutos no han podido aquilatarse aún. Es indudable que la formación de músicos con miras a un futuro menos lóbrego, necesitará abrir su espectro hacia
otras áreas tradicionalmente relegadas. El profesionista de la música de los años venideros ya no podrá seguir siendo un sujeto que consume su existencia entera moviendo los dedos -o las cuerdas vocales − y midiendo distancias con los brazos; su desarrollo musical deberá ir a la par de su desarrollo humano y éste tendrá que acompañarse de la investigación musicológica y de un saber menos reductivo, en otras palabras, habrá de tender hacia una formación humanística que vislumbre la universalidad del conocimiento. Senda ironía en una era de hiper especializaciones.
Con respecto al primer director de la facultad de música anotemos que las luchas que enfrentó como adalid de un grupo de maestros que querían defenderse de las imposiciones del cacique Carlos Chávez (1899-1978), serían motivo de sobra para que su labor tuviera reconocimiento. Se llamaba Estanislao Mejía (1882-1967) y creó música para piano, sinfónica, de ballet y para la escena.4
Chávez, hábil en sus manejos políticos e intrigante en sus relaciones profesionales, se había empeñado en la readscripción del Conservatorio a la SEP, para desvincularlo, definitivamente, de la esfera universitaria. En su juicio, el músico no necesitaba de los conocimientos que la Universidad podía brindarle. Como ofrenda a la memoria del ubicuo Don Carlos apuntemos que también se encarnizó con José F. Vásquez (1896-1961), fundador de la Sinfónica de la Universidad, ya que su vil ocurrencia de crear otra orquesta empañaba el aura chavista como director de la Sinfónica de México. Por razones ineluctables, la luz de los reflectores mexicanos no alcanza jamás para alumbrar segundones. Vásquez se aferró en sus empeños, pero para la historia oficial no es más que un iluso competidor de Chávez.5
No debe de sorprendernos que su música no se toque nunca y que en las temporadas de concierto que coordina la Dirección General de Música de la UNAM se ratifique a Chávez en detrimento de Vásquez.
El abogado que se adueñó de la música universitaria pasó posteriormente a la presidencia del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes dejando una impronta inferior a la magnitud de su talento. Hay quienes lo llaman maestro Vela.
En vista de que los músicos de concierto son un gremio en perenne exilio social es necesario recordarles que el mejor
refugio para sus desequilibrios es la aceptación de la esquizofrenia nacional.
1
Los alumnos egresados de la Escuela Internacional de Música que patrocina la Fundación son incorporados en las filas de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Al día de hoy, la actividad concertística que realizan en  Concomitancia con las agrupaciones corales, no se da abasto por las demandas que la sociedad civil les impone. Prueba de la excelencia artística alcanzada es la depuración de su discografía.
2
Las instalaciones propias fueron edificadas hasta 1976 en la calle de Xicoténcatl № 126, en la colonia del Carmen
Coyoacán.
3
La facultad de música compartió desde 1929 hasta 1935 el edificio de Mascarones en la ribera de San Cosme.
4
Se trata de la ópera en un acto Edith que nunca se ha puesto en escena. Con mínimas excepciones, los manuscritos de Mejía siguen aún cubiertos de polvo en anaqueles y cajones.
5
Se recomienda la audición de su Tercer Concierto para piano y de sus Lieder para voz y cuerdas. Es de lo poco que se ha grabado de su enorme corpus musical.

Revista Proceso, 7 de julio de 2009.


Galería de Imágenes