Call us now:

1 de junio de 2012
Tal vez esos niños creían estar siendo remolcados por las luces del escenario, por los colores del vestuario, y por el movimiento de los cantantes. El imperio de la música los llevaba más allá de sus butacas en aquel palco de la sala. Y quizá hasta llegaron a percibir que las lámparas en los atriles, se empeñaban en iluminar unas partituras a las que les aguardaba un larguísimo silencio, comenzado justo en los límites del negror que las circundaba, en aquella sala.
Un silencio demasiado prolongado y doloroso para quien solía firmar sus partituras con una declaración hacia sus semejantes: «Crear, amar». Porque la última nota abría paso a la oscuridad, sabor a olvido, ahí mismo, cuando se oyó la última ovación y comenzó a caer el telón.
Esa fue la noche del 28 de mayo de 1961, fecha del último estreno de una ópera de José F. Vásquez; una obra escrita en 1928, pero que curiosamente aguardó 33 años hasta no ver la luz, acaso para dar justo nombre al colofón profesional de su autor: El Último sueño…
Martha Ornelas, Guadalupe Solórzano, Franco Iglesias, Plácido Domingo y Rogelio Vargas, conformaron el elenco, Carlos Díaz Du-Pond dirigió la escena, y el padre de aquellos niños, José F. Vásquez, dirigió la orquesta.
Esa noche habría de iniciar un eclipse musical para las casi 200 partituras de este músico, sin que nadie hiciera nada por ellas, sin que nadie hablara de ellas, como si no hubieran sido compuestas.
Sus óperas, sus sinfonías, sus conciertos para piano, y para violín y orquesta, sus series de lieder, su misa de réquiem y sus cantatas, sus poemas sinfónicos y su sinfonieta, y su cuantiosa obra para piano o su obra de cámara, se fueron difuminando hasta ser un rumor entre las nuevas generaciones de músicos, que hallaban su nombre ligado a las instituciones más importantes del arte musical en México, pero sin poder seguir su huella como compositor.
Todo eso pareció conjuntarse ahí aquella noche, donde comenzaron las preguntas.
Esa noche también habría de principiar la última etapa en la vida de aquél artista mexicano. Lejos de la orquesta que había fundado 25 años atrás. Alejado ya de toda iniciativa para difundir la buena música entre la juventud universitaria, como en los albores de aquella orquesta. Refugiado por ese entonces en una labor docente venida a menos, tanto en el Conservatorio Nacional de Música, como en la Escuela Libre de Música, que también él había fundado, a causa del quebrantamiento de su salud, pero sobre todo invadido de una profunda tristeza que, por última vez, lo acompañó a su piano, dedicado a «crear y amar», una última ópera que a pesar de sus esfuerzos habría de dejar inconclusa: Vasco Núñez de Balboa.
Un noche inexorable, y muda, aquella en Bellas Artes. Porque ni la emoción encapsulada en la sala, ni las voces ni las notas, ni las luces ni el negror, pudieron prevenir a aquellos dos niños del palco, de las acechanzas de una doble orfandad, porque su padre habría de desaparecer siete meses después, y casi de la misma forma, toda su música.
A partir de aquella fecha fue abierto un intervalo delante de una cuenta regresiva, porque la música siempre vuelve si las partituras se rescatan del deterioro natural y de la destrucción, poniéndolas a salvo en formato digital. Y este es el empeño a estas alturas del relato.
Son necesarias algunas manos más, otros ojos que también busquen, y curiosidad.
Luego vendrá la hora en que se necesiten batutas, pianos, violines y voces generosas que tenga a bien levantarse, para reiniciar el concierto.
Ojalá sea así. Porque la generosidad es un chispa capaz de prender toda hoguera, y su efecto suele reconfortar finalmente a todos.
Aquí se muestra el elenco de aquella función de estreno en el Palacio de Bellas:
Mayo 28, Ópera de Bellas Artes
El último sueño (José F. Vásquez)
Concertador : José F. Vásquez, Escena : Carlos Díaz Du-Pond, Escenografía : Antonio López Mancera, Coros : Salvador Ochoa, Coreografía : Eva María Ortiz
Airam Zulamil : Martha Ornelas, Enrique : Plácido Domingo, Javier : Franco Iglesias, Julieta : Guadalupe Solórzano, El capellán : Rogelio Vargas.
-JJVT-
Las imágenes de arriba nos muestran un ejemplar de la portada y del programa de la temporada de ópera en el Palacio de Bellas Artes, ofrecida a lo largo del año de 1961.

