Un concierto de violín clandestino

7 de junio de 2013

Desde mi archivo de alegrías a lo largo de esta aventura, ha reaparecido una generada gracias a la curiosidad y al amoroso trabajo del maestro Ludwig Carrasco, quien hace unos meses se dirigió a mí, llevado por su interés por interpretar el Concierto No.1 para violín y orquesta de mi padre.
Su empeño ha fructificado con la programación de esta obra datada en el año 1921, y que hasta que Ludwig la rescató del polvo y del natural deterioro al que está expuesto el papel, no había sido tocada desde su estreno en 1939, a cargo del violinista mexicano Ezequiel Sierra, como solista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad (hoy OFUNAM), bajo la dirección del propio autor. Es decir, 74 años después habrían de regresar las notas de una partitura escrita 92 años antes.Una partitura concebida por un joven Vásquez de 25 años de edad, dirigida en su estreno por un Vásquez maduro de 43 años, que por lo que fuera, nunca más la volvió a escuchar. No al menos hasta donde yo sé.

Y como 74 años, más aún 92, suelen ser de modo generoso el plazo de vida de la mayoría de los seres humanos en el planeta, sin darme cuenta fruncí el ceño. Pues yo casi he alcanzado la edad que tenía mi padre al morir, y todavía no he podido escuchar en vivo este concierto.

De ahí que estos datos de la numeralia en derredor del concierto, sean, desde mi enfoque, mucho más que un asunto de números, en este caso en contra.

Hoy, con la interpretación de Ludwig Carrasco en la ciudad de México, es hasta cierto punto lógico que yo intente indagar en los enigmas de la matemática vital, curioso por saber cuándo ha de volver a parar la ruleta en este número, pero en mi presencia. Algo que la verdad ha venido a mi mente cada vez que he logrado que alguna orquesta programe una obra de mi padre sin que yo pueda asistir.

A continuación reproduzco el programa del concierto de junio de 2013, del que por cierto y no obstante el empeño del maestro Carrasco, todavía sigo esperando que algún funcionario de la orquesta se comunique conmigo respondiendo a mis mensajes, para cubrir los derechos de autor por la ejecución de la obra (una omisión demasiado repetitiva en México, por desgracia) y para proporcionarme una copia completa del concierto grabado aquel día.

Lo positivo es que gracias a una grabación casera y clandestina pude al fin romper tales silencios, 92 y 74 años viejos, cuando al fin me fue posible sentir al menos las notas del Adagio, tan plenas de fragmentos del espíritu de mi padre. Y no deja de ser curiosa esa forzada clandestinidad de quien lo ha grabado, con tal de colmar el significado sonoro de un trozo de herencia entregada, al fin, al heredero.

Toda una metáfora de lo que a menudo ha venido ocurriendo todos estos años de empeño frente al silencio, y una ironía si se considera la relación directa entre el significado de una grabación indebida, y la ilegalidad de no pagar los derechos correspondientes por la ejecución de la obra. Pero los hechos son un reflejo de la realidad con todos los vicios homologados por la costumbre. Y así ocurrió.

A continuación se incluye una copia digital del programa de aniversario luctuoso, por cierto, del gran Paul Hindemith, a quien en su natal Alemania también habrán conmemorado como sucede en cualquier país atento a la historia de su cultura. Ojalá que en el 50 aniversario luctuoso de mi padre, hace dos años, en el 2011, alguna orquesta lo hubiera siquiera mencionado.

Pero hasta donde yo sé no la hubo.

-JJVT-

Las primeras imágenes en el orden acostumbrado, corresponden a diversas reproducciones del programa de mano de los días del concierto; el último incluye la dedicatoria del solista, maestro Ludwig Carrasco, quien también revisó la partitura del concierto que se muestra al final.


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