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18 de agosto de 2013
***Me siento privilegiado de haber conocido a un músico como José F. Vásquez. Por cierto, aunque ambos somos jaliscienses, no era mi pariente; él firmaba la primera sílaba de su apellido con «s», y en mi caso las dos sílabas llevan «z». Tuvimos una amistad muy cordial. Hacia 1952, cuando yo volví de Estados Unidos, luego de cursar estudios de perfeccionamiento pianístico, yo ya conocía al maestro Vásquez por su trayectoria profesional. Los primeros días fueron muy difíciles para mí, porque nadie me hacía caso en el medio musical mexicano: yo era un desconocido… Finalmente fui contratado como pianista acompañante de cantantes y como miembro de un cuarteto donde participaba como primer violín la maestra Gloria Torres de Vásquez. Desde el principio tuve una relación agradable con mi superior inmediato, el maestro Vásquez. Yo lo veía diariamente en el trabajo. Tenía fama de tirano y déspota, pero conmigo jamás demostró ningún trato áspero. Nuestra convivencia musical se acrecentó y siempre le tuve admiración porque me di cuenta de que se trataba de un músico de amplísima preparación formal.
Sobre las disputas con Carlos Chávez, de donde tal vez proviene la fama de hosco del maestro Vásquez, hubo momentos de mucha tensión, pues mientras uno representaba a la Orquesta Sinfónica Nacional de México, y a su consiguiente élite artística, otro encarnaba la cultura universitaria, de mayor independencia institucional, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad. Ambas eran las únicas orquestas sinfónicas de aquella época, y desde luego que había el ambiente propicio para que se diera una rivalidad constante.
Chávez era terrible como político. Yo lo sentía y me daba cuenta de ello. Supe reiteradas veces de su mal trato hacia Manuel M. Ponce, porque Chávez peleaba la primacía en el país para aparecer en los diccionarios de música del mundo, para figurar como la cabeza de los músicos mexicanos. Según su conveniencia personal, Chávez abanderó el nacionalismo y luego dijo que este «no servía», y que Ponce sólo escribía «piececitas de género chico, en un estilo anacrónico», lo cual es totalmente falso y fácilmente demostrable con el inmenso catálogo de Ponce, variado tanto en dotación instrumental como en estilo, según la época en que fue compuesta la música.
Del mismo modo, Chávez se interpuso en la difusión de la obra como director y compositor, de José F. Vásquez. Chávez poseía un apabullante belicismo en su trato con quienes no se enlistaban a su orden. Yo toqué varias veces bajo su batuta, y no quería hacerlo, sólo que fui obligado a tocar a través de la invitación de un mediador que era el doctor Pedro de Alva. El intérprete rara vez se sentía a gusto con la dictadura de Chávez en el podio. Esto nunca me sucedió con el maestro Vásquez, con quien, de hecho, jamás tuve ningún mal momento profesional; bajo su guía toqué varias veces el Concierto de piano y orquesta de Ponce, conciertos de Liszt y Chopin, y el Concierto No. 3 para piano y orquesta del propio Vásquez, y nunca observé ninguna clase de envidias baratas.
En cuanto a su calidad como músico, tengo la convicción de que el maestro Vásquez era un gran ejemplar. Aparte de su sabiduría en el terreno de la armonía, el contrapunto y la forma, como director era admirable y poseía el dominio completo de la técnica. Dirigió por más de 25 años la Orquesta Sinfónica de la Universidad, y tan hacía labor artística que en un mismo ciclo presentaba estrenos mundiales, programas conmemorativos de la obra de compositores consagrados y realizaba giras internacionales con algunas de las mejores orquestas del mundo. Su carrera cobró relieve porque destacó en una época en que la dirección orquestal no era estudiada como profesión en México. En el Conservatorio Nacional no se impartió esta materia sino hasta la gestión de Salvador Ordoñez, otra víctima del chavismo: él tenía eventual desempeño como crítico musical, y un día le llegaron a su despacho con un cheque extra en su nómina. Ordoñez preguntó, ¿y este cheque?… «ah, pues porque usted contribuye a la cultura de este país y éste es un regalo que le hace la Orquesta Sinfónica Nacional». Entonces Ordoñez escribió una nota valiente en contra de Chávez, y al poco tiempo fue destituido como cronista musical, y poco después como director del Conservatorio Nacional de Música. Se necesitaba ser persistente y tener un carácter tesonero para enfrentar a Chávez, y José F. Vásquez lo tuvo…
*** (Extracto del libro José F. Vásquez – «Una voz que a los oídos llega» de Gabriel Pareyón – Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco – 1996)
Hoy que me entero de la partida del maestro Carlos Vázquez, viene a mi mente una gira que juntos hicieron a Arizona, Texas y Missouri, acompañados por la violinista Gloria Torres, mi madre. Por fortuna, los adultos decidieron ir con dos niños para que conocieran la nieve: mi hermana María Rosa, y yo. Y fue cerca de la ciudad de Phoenix donde por primera vez lo pudimos hacer.
Sin embargo hubo otra impresión que ha llegado hasta estos días entre mis recuerdos de aquella ciudad: el momento en que le dijeron a mi hermana que ella se quedaría en la casa de los anfitriones, (a quienes lamento haber olvidado) y que solo yo, por ser ya un niño grande, podría ir al concierto. Un gran escalón en mi vida y a la vez parte de mi banda sonora más entrañable, pues por vez primera yo habría de escuchar el Concierto No. 3 para piano y orquesta de mi padre.
Ojala tuviera yo esa fotografía mental donde veo a los dos, a Vásquez y a Vázquez, entre carcajadas, escoltando a mi madre envuelta en su mink. Por fortuna esa imagen permanece ahí, en el archivo de los pequeños olvidos que jamás se borran.
-JJVT-
En la imagen superior se puede ver al maestro Carlos Vázquez junto a una fotografía de Manuel M. Ponce.
En sus tiempos de estudiante, Vázquez conoció a Ponce y su prolongada amistad le permitió ser nombrado heredero y depositario legal, además de promotor de la obra del compositor zacatecano.
En el año de 2010, cedió las siete mil creaciones para piano solo, guitarra, música de cámara, sinfónica y coral del compositor, a la Escuela Nacional de Música de la UNAM, para garantizar su preservación, investigación y difusión.
Carlos Vázquez obtuvo en 1993 la medalla José Clemente Orozco que entrega el gobierno del estado de Jalisco.
Como concertista de Bellas Artes, el pianista se despidió con una serie de presentaciones en el máximo recinto cultural del país, a los 91 años de edad.