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2 de marzo de 2014
De vuelta de una de mis exploraciones a través del túnel del tiempo, gracias a otro documento muy relacionado por cierto, con el compartido aquí hace dos semanas.
En este caso se trata de un artículo escrito en inglés que nos presenta su crónica enfocada en un concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad bajo la batuta de José F. Vásquez, y esto de la batuta es un decir, puesto que mi padre prefería usar las manos a la hora de capitanear su nave.
El documento aparece sin datar, no obstante es sencillo saber que fue escrito en 1940, dentro de la celebración del Festival Tchaikovsky, creado a propósito del centenario del natalicio del genio nacido en la pequeña ciudad de Vótkinsk, en tiempos de la Rusia Imperial.
El texto dice que el director de la orquesta del concierto (primero de dos), «justly popular and well loved José F. Vásquez, whose warmly sympathetic rendering of the scores, evoked a genuinely sincere and enthusiastic response» (el muy popular y amado José F Vásquez, cuya cálida comprensión de las partituras, evocó una respuesta genuinamente sincera y entusiasta).
Eso de los adjetivos cariñosos, como su hijo, me gusta, pero en la distancia de melómano curioso me proporciona, según creo, nuevas pistas del músico. Más adelante el texto señala que sería difícil encontrar un mejor director de Tchaikowsky, dando a continuación datos muy someros, tanto de su biografía musical como de su obra hasta esa fecha.
El programa de aquel concierto nos es revelado a continuación, y gracias a esto podemos enterarnos que se integró con la Obertura Romeo y Julieta, la Sinfonía No. 5 en mi menor, y el Concierto para violín y orquesta en re mayor. Todo un banquete, diría yo. Y aunque el orden debió cerrar con la sinfonía, el artículo deja al final el relato del concierto de violín, «played admirably by Benjamín Cuervo, a young artist, student of José Rocabruna. «Cuervo was the soloist as winner of third violin competition established by Vásquez» (Cuervo fue el solista como ganador del concurso de violín organizado por la OSU, en busca de talento joven y al alcance de la magritud presupuestal de la orquesta)
Gracias a este nuevo hallazgo, podemos afirmar que la convocatoria del concurso de violín de los 250 pesos de premio, de la que di cuenta aquí mismo hace un par de semanas, al menos tuvo tres años de vida, y que al igual que en 1937, en ese año de 1940 cumplió su cometido proporcionando a una orquesta con pocos recursos, un digno solista que al menos por esta crónica, triunfó. Y al hacerlo hizo triunfar nuevamente una idea y a todo el esfuerzo conjunto de dos instituciones universitarias, la entonces OSU, y la entonces ENM, en su labor de no sólo educar sino además de promover el nuevo talento mexicano.
Ignoro si la actual OFUNAM y la Facultad de Música tienen un plan similar, pero sería magnífico que lo implementaran. Por supuesto, esto no debería limitarse a los violinistas; el talento joven abunda en todas las disciplinas. Cada generación tiene la responsabilidad de abrir camino a los nuevos creadores mediante concursos que conecten a los artistas emergentes con el público. Para lograrlo, nuestra querida universidad cuenta con el mejor escenario posible: la Sala Nezahualcóyotl.
Volviendo sobre la reflexión provocada por el anciano documento de 74 años de edad, es justo mencionar el éxito de la relación personal respetuosa y propositiva de mi padre con el maestro Rocabruna, por un lado compartiendo la dirección de la orquesta durante 21 años, algo bastante difícil, creo yo, y que habla de la madurez de ambos y de su prioritario amor por la música y por la universidad.
Una dupla exitosa frente a los embates anti universitarios, que amenazaron con obstinación la existencia de la orquesta, pero que se sostuvo hasta la muerte de ese gran violinista catalán, compañero de atril de Pau Casals, y formador de violinistas de renombre como: Daniel Ayala, Federico Baena, Benjamín Cuervo, Armando Montiel, Salvador Pérez Márquez, Silvestre Revueltas, Luis Sandi, Ezequiel Sierra, Lauro Urangas y Gloria Torres, mi madre.
La crónica, hoy enferma de amarillo, sigue relatando los aspectos biográficos del compositor ruso, con la intervención del compositor y musicólogo español don Jesús Bal y Gay. Y acaba con el anuncio del siguiente programa dentro de la misma pauta, sólo que con el ganador del concurso de piano: Carlos Rivero.
Me llama la atención el dato anterior que nos habla del énfasis didáctico de los conciertos de la agrupación universitaria, enfocada mayormente en los jóvenes que acudían al Anfiteatro Bolívar a escuchar la orquesta de su alma mater. ¿Habrá sido este otro rasgo ideológico del director de la OSU?
Parece que gracias a la crónica del crítico norteamericano, (pero nacido en Monterrey) Charles Poore, quien por casi 40 años trabajó para el NY Times, se nos han revelado informaciones útiles para la reconstrucción del personaje.
Qué útil es poder conocer elementos de la fórmula que sostuvo a una orquesta en pie durante sus primeros 25 años, y a contracorriente. Y descubrirlo asomados detrás de un puñado de letras como testigo de acciones emprendidas casi sin recursos para conseguirlo; y que hoy, a ojos de este mundo tan materializado, pueden parecer solamente cicatrices indescifrables o recetas anticuadas.
Sin embargo, son el testimonio que nos permite sentir el material que construyó los basamentos estructurales de la hoy OFUNAM. Y esto debe no solo ser de utilidad para quienes hoy llevan su timón, sino que también deben alegrarnos a todos quienes hemos visto etapas de su trayectoria, jamás exenta de sinuosidades.
A mí me alegra mucho el saber. Me alegra mucho el saber más. Pero me alegra mucho saber más de mi padre.
Porque no sólo ha inspirado mi vida el rescate de su obra tan olvidada, sino que también por estas pruebas documentales puedo ver cómo pensó, como deseó, cómo hizo, y puedo entonces intuir que a partir de una idea, en plena inexistencia y sin muchas expectativas personales, se puede construir un mundo futuro.
Y me han de perdonar pero me emociona sentir el contraste de aquellos años, al ver hoy la consecuencia viva y magnífica de sus esfuerzos y de muchos otros universitarios que han seguido el rastro aquel, aunque aquejados de amnesia
A propósito de concursos, me acabo de enterar de la existencia del Premio Internacional de Dirección de Orquesta OFUNAM, y de nuevo tengo una sentimiento paradójico.
Por un lado, como melómano confeso me alegro y mucho.
Por el otro, pienso en voz alta:
¿No será posible que dentro de alguno de estos concursos se pudiera iniciar el rescate de la memoria de su fundador, y antiguo organizador de concursos, similares, pero hace 77 años?
¿Será mucho pedir que alguno de los concursos, bien de composición o de dirección, llevara el nombre de uno de los «encargados por 25 años…de la orquesta?, El también compositor de casi 200 partituras entre óperas, sinfonías, conciertos para piano y para violín, misas, cantatas, lieder y un largo etcétera. ¿No será posible, por útil, por edificante y por lógico, reintegrar esos primeros cinco lustros de la orquesta, a la realidad presente y a la liturgia oficial?
Pues como dijo Shakespeare, «El pasado es un prólogo», y de acuerdo a la intrahistoria de la institución, aquella etapa romántica, diría yo, fue una empresa enfrentada a todo tipo de adversidades y por tanto un orgullo para el presente, pero además, fue el prólogo más digno para una orquesta como la hoy OFUNAM.
Su pleno reconocimiento y su reivindicación, abrirían una grieta más a la luz que come sombra, y de esa forma, tal vez sería posible escuchar mejor la voz cabal del espíritu que ya desde entonces, hablaba por esta raza.
-JJVT-
Arriba a la izquierda, José F. Vásquez aparece dirigiendo el Concierto para piano y orquesta No. 1 de Tchaikovsky, con Carlos Rivero, ganador del Concurso para piano de la OSU, como solista. En la imagen derecha podemos ver la crónica en inglés de Charles Poore, crítico musical del NY Times.
En aquel hoy lejano año de 1940, José F. Vásquez se presentó el domingo 26 de mayo en el Palacio de Bellas Artes, dirigiendo el Concierto en Do mayor para dos pianos y orquesta de Bach. Los solistas fueron: György Sándor ( de quien corresponde la fotografía superior de la izquierda) y Esther Pallares.

