La creación de Haydn, según Vásquez

16 de marzo de 2014

Buscar y rebuscar a través del túnel del tiempo, entre los vericuetos y falsos biombos que la desmemoria va colocando por costumbre y por inacción, a causa de la ignorancia, (raíz de todos los males, decía Buda) siempre ofrece dividendos, algunos muy interesantes.El documento del mundo amarillento que hoy comparto, vuelve a encomiar los esfuerzos ocurridos durante los primeros años de la hoy OFUNAM, reitera el éxito del proyecto iniciado en julio de 1936 con su fundación, y nos refresca el escenario de uno de los conciertos de 1938, dedicado a La Creación de Franz Joseph Haydn, uno de los ejemplos favoritos de mi padre, como músico y como hombre.

La primera sorpresa del texto es el nombre de quien lo firma: Antonio Gomezanda, (1894-1961) un pianista y músico en general de gran importancia en la docencia y en la composición, injustamente colocado detrás de uno de esos biombos del olvido, y al señalar esto me vienen a la mente otros ejemplos de abandono, indignos de un país como México, pues la obra de músicos como José Rolón (1883-1945), Arnulfo Miramontes (1882-1960), Miguel Bernal Jiménez (1910-1956) Salvador Contreras (1910-1982) Daniel Ayala (1906-1975), por citar los que me han venido a la mente, debieran formar parte con asiduidad del repertorio de nuestras orquestas, y no solo aparecer de vez en cuando en programas del mes de septiembre, gracias a una racha de patriotismo superficial de marketing; lo dicho antes: por costumbre.

En su relato, el maestro Gomezanda nos dice al inicio que «en los momentos en que los hombres de toda la Tierra tratan de hacer surgir un mundo nuevo a la fuerza de inquietudes y dolores, sacrificando millares de seres humanos con la esperanza de que surja una nueva luz, aunque esta sea roja, por la sangre que se ha derramado» …

Gomezanda refleja el sentimiento de un artista en ese año de 1938, frente al desarrollo de la Guerra Civil Española, y de cara a la inminencia de otra gran guerra. Luego nos describe el significado que para él tiene la obra y la oportunidad de su presentación en el Anfiteatro Bolívar, catalogando como proeza el esfuerzo de la Universidad y de José F. Vásquez, para presentarla ante su público, quizá pensando en el valor de la música como refugio contra la realidad en derredor, «mientras la barbarie destruye, un valiente grupo de artistas mexicanos nos presenta la genial obra de Haydn» …

Nuestro cómplice relator sigue y nos desvela aspectos biográficos del autor, elogiando la persistencia de su alegría frente a las miserias del inicio de su carrera. Un rasgo de carácter compartido en el que por fortuna creyó mi padre por largo tiempo.

Después el maestro Gomezanda describe y analiza el transcurso del concierto y hasta comparte un chiste muy mexicano, para reforzar su tesis a favor de la alegría… «y es que tiene que ser alegre el mundo creado por un anciano que hace cantar a los pájaros con los ángeles, las nubes, las aguas de los mares, y las voces amorosas de la pareja original»

Luego de leerlo, yo diría que Gomezanda manifiesta su humanidad como reflejo de su espíritu creador, señalando además la importancia de la alegría como la fuerza motriz fundamental del quehacer humano. Y es entonces que lo vuelvo a imaginar riendo, porque es así como lo recuerdo en mitad de una charla con mi padre.

Quizá sea cierto que los biógrafos suelen descubrir en los escritos del investigado, el color de su alma y el tempo predominante de su andadura. Hoy en mi feliz abuelidad descubro la alegría de un hombre y me dejo contagiar a través de sus letras. La sorpresa me sirve, me nutre y me da un poco más de luz de lo que fue un mundo en guerra, y del milagro que la música obra en la fugacidad humana que, ya se ve, no termina de crecer más que su barbarie. Por tanto termino con una sonrisa por haber buscado y hallado con éxito, sorpresa incluida, un poco más de luz comiendo sombra, en favor del trabajo de aquellos primeros guerrilleros del prólogo de los primeros 25 años de una orquesta.

Gomezanda nos deja un apunte enfocado en la guerra en España, que brilla sobre todo lo demás, creo yo:

«Mientras la barbarie destruye, un valiente grupo de artistas mexicanos nos presenta la obra genial de Haydn, concebida hace dos siglos, pero siempre oportuna y fragante, construyendo un mundo con sonidos que cantan la gloria de Dios»

En referencia a Papá Haydn, don Antonio nos dice: «de origen humilde, siendo croata, por su educación también es austríaco, alemán y magyar: hoy es universal… Nació con el don divino de la alegría…»

Y parece que todos estos hallazgos dependen de la alegría ingénita de la curiosidad como hipótesis. De la voluntad como herramienta de búsqueda para que la sorpresa irrumpa al servicio de la felicidad. Pero también de una amoroso rigor, diría yo, en favor del abatimiento de biombos mentales y aprendizajes sesgados, para con ello curar un poco la miopía de tantos años de desmemoria; falsa frontera que separa lo que fuimos antes de ser lo que hoy somos, y del camino hacia lo que merecemos ser cada uno, como partículas elementales del amor a la cultura.

Quién sabe, a lo mejor pronto podría haber una sorpresa que permita a los pájaros cantar con los ángeles, o escuchar la obra musical de los que apenas asoman con un nombre y con un apellido, y que tal vez igual que José F. Vásquez, hayan acaso firmado sus partituras con una declaración de alegría, como lo hizo él. Pues cada vez que veo cualesquiera de ellas, me alegra leer al final su lema: Crear, amar.

Escrito con su puño y letra, junto a su firma. Por eso lo veo feliz detrás de mis averiguaciones, en apariencia poco útiles e inefectivas. Pero es que en palabras de Sancho Panza, «Que no nos quiten la gloria del intento»… Y en esas ando. Y en esas sigo. Lo demás lo pongo en manos de la sorpresa y así me busco. Porque la curiosidad no mató al gato; lo hizo evolucionar…

Con un poco de suerte y mucha curiosidad, me completo a mí mismo, cuando menos me lo espere.

-JJVT- ———-

Rabindranath Tagore: «La vida es la constante sorpresa de saber que existo»

Las imágenes corresponden, a la izquierda, la crónica en prensa de marzo de 1938, «La creación del mundo», y a la derecha la fotografía de su autor, un joven maestro Antonio Gomezanda. (3 de septiembre de 1894, Lagos de Moreno, México – 24 de marzo de 1961, Ciudad de México, México)


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