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28 de junio de 2014
Por ese entonces, José Guadalupe Flores era el director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, y se convirtió en cómplice inmediato de la empresa, en cuanto supo que él compartía con don José, F., la tierra de origen: Arandas.
Con el entusiasmo de por medio se programó un concierto íntegro con la música Vasqueziana, y yo lo estuve esperando, día con día, desde que fui informado de su celebración. Mi espera venía añejándose por años; desde el inicio de la búsqueda detectivesca en pos de sus partituras extraviadas. La espera de mi padre, era aún más antigua.
El programa elegido fue:
1) Tres acuarelas para gran orquesta, también conocida como Acuarelas de viaje
2) Sinfonía No. 2
3) Ballet azteca, La Ofrenda.
El hermoso Teatro Degollado, en Guadalajara, el día 15 de aquel mes, y el Auditorio del Club de Leones, en Arandas, dos días después, el día 17, acogieron la voz del autor a través de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, creando un ambiente muy emotivo para la familia y en los amigos que nos acompañaron en aquel fin de semana irrepetible, pero de gran sorpresa para el público en general conforme la música se fue adueñando del día.
¿Quién era José F. Vásquez?
Unos días antes, fui invitado a dar una conferencia para desvelar parte de tal misterio, porque para la opinión pública local mi padre era un completo desconocido. Una gran paradoja no obstante común, destinada a la memoria de los artistas fuera del mundillo del arte popular. Y para un Hijo Predilecto del estado de Jalisco, tal vez lo era aún más.
Sin embargo, si hablamos del conocimiento del público en general, tal misterio era comprensible, sabiendo que José F. Vásquez fraguó toda su carrera en la capital, al frente de su amada Orquesta de la Universidad, (hoy OFUNAM) de la que fue su fundador y director a lo largo de 25 años, de la Escuela Libre de Música que también fundó y dirigió 41 años hasta su muerte, o en el Conservatorio Nacional de Música y de la Escuela Nacional de Música, en donde labró un prestigio como docente por casi tres décadas. Pero lo que sí me llamó la atención de todo esto, fue sin duda el mismo grado de desconocimiento entre los músicos y la crítica local especializada.
«Mi padre nació dos veces»… titulé mi exposición, aludiendo su aparente resurrección musical, porque como ahora sabemos, han tenido que pasar otros 18 años y todavía existe demasiada sombra que la luz debe comer, para rescatar sus partituras.
Por esos días se celebraron también, la presentación del libro de Gabriel Pareyón, «José F. Vásquez, Una voz que a los oídos llega», un estudio fundamental para responder con amplitud a esa misma pregunta, de quién fue José F. Vásquez, y un concierto de música de cámara, en el que la soprano Rosa María Partida, y la gran pianista Patricia García Torres, interpretaron algunos de los lieder, parte de la cuantiosa producción en seis series de diez canciones cada una, que mi padre dedicó a ese género.
Gracias a Patricia, hoy he podido recuperar la imagen que acompaña el texto, que da fe a esta celebración que aún vibra en la memoria de los Vásquez, y que muy difícilmente se podrá repetir; en México a los compositores nacionales, olvidados, se les llega a programar, muy patriotamente en el mes de septiembre, como parte del marketing tricolor, pero si tienen suerte, luego se dosifica la presentación de sus obras dentro de las temporadas regulares, como parte del enigma que rodea nuestra idiosincrasia, digno del Laberinto de la soledad.
Existe la idea caminando rumbo a ser proyecto, de que en este año de 2014, dos de estas tres obras sinfónicas sean grabadas, 18 años después de aquél homenaje, y 118 años después del nacimiento del autor. Pero si algo me ha enseñado la orfandad precoz, es a no coquetear con las expectativas, y como hasta hoy el resultado de mis peticiones, antesalas y gestiones ante las autoridades, administradores y directivos en turno, no han obtenido sino palabras de aliento y promesas incumplidas, seré calmo. Mientras espero que la resistencia se rompa frente a la necesidad; porque eso es lo que significa un cambio; en el fondo todo estás sometido a la puesta en marcha de voluntad humana; verbigracia el homenaje en cuestión. Así que si la voluntad es suficiente, tendremos la grabación como parece.
Si así fuera, tendré que ir escribiendo un texto plagado de dicha, tal vez titulado: «Mi padre se ha convertido en música»
Quizá lo que a él le guste, a pesar de mi impaciencia, sea eso.
-JJVT-
Las imágenes de arriba corresponden al cartel del homenaje a José F. Vásquez, en Jalisco. La segunda fotografía nos muestra al maestro Gabriel Pareyón, organizador del evento y figura clave dentro del rescate de la memoria del compositor. La tercera es una fotografía de la pianista, maestra Patricia García Torres. La última por la derecha, es la del maestro José Guadalupe Flores, por aquellos años Director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco.


