La Historia es una elección pero no es toda la historia

26 de julio de 2014

Mis caminatas por el campo al amanecer, me hacen ver lo feliz que se puede ser mirando llegar la luz, escuchando los coros animales de las primeras horas, o aspirando a todo pulmón la sinfonía de aromas húmedos que va dejando la muerte de la noche. Pero de manera especial disfruto con gratitud, el perfil de mi sombra a contrasol. Y he de decir que de quien he aprendido simplezas tales, es de Roma, mi niña bóxer. De hecho puedo sacar esa conclusión a lo largo de mi vida, pues han sido ellos, los perros de mi vida, los mejores instructores y guías hacia esa forma de felicidad continua, a la que los humanos creemos identificar a través de la zoncera.Sin embargo fue Gloria, mi madre, el primer modelo de risa fácil con el que se topó aquél niño que fui. Y lo fue a tal grado que puedo recordarla reír hasta las lágrimas, en momentos variopintos de la cotidianidad familiar, pero además e incluso, durante aquellos meses largos de dolor frente a la prolongada agonía de las últimas semanas de su vida, tarareando a Rachmaninoff, en un momento en que se vio liberada de la mascarilla de oxígeno. ―¿Cual concierto es este, hijo?

El tema viene a cuento como efecto del pensamiento pernicioso tan expandido en derredor nuestro, creo yo, porque el miedo parece haberse apostado en las coyunturas clave de nuestra aventura humana. Y es entonces que las enseñanzas de mis amados cánidos, y las disciplinadas risas de mi madre en días aciagos, han sido el contraste feliz que ha decantado mis pasos. Pues parece que gracias al negror es más sencillo distinguir la luz, y como un girasol, seguirla por necesidad vital.

Hoy veo a Roma y es fácil sentir contagio. Hoy recuerdo a Gloria y es también muy fácil sonreír, porque sin saber cómo, en uno de esos días, desde la conciencia, conseguí un decreto en favor de mi sombra a contraluz, de mis pies a contracorriente, y de un estatus paralelo a la realidad, en el que suelo funcionar mejor. sabiendo el buen uso que se le puede dar a la alegría ajena; y sólo basta ver a Roma correr hacia la luz que llega, con el instinto por delante, a modo de ratificación diaria.

Quizá la alegría fue en algún momento el estado natural del ser humano. Quizá lo pueda volver a ser. Quizá incluso lo sea hasta que los miedos aprendidos hablan, para desaconsejar el riesgo de ver al mundo con curiosidad cuando no se tiene el permiso de los gobiernos, de los líderes religiosos o de la policía.

Por favor perdonen ustedes esta divagación, pero cuando vuelvo del campo y me quito las botas llenas de barro, ya estoy pensando en una taza de café que cuando bebo con los ojos en el Mediterráneo, creo haber comenzado a delinear entre tanta vereda de los recuerdos, las letras que voy a compartir aquí, en este rinconcito virtual dedicado a un músico que como algunos ya saben, no dejó de firmar todas sus casi 200 partituras, con el lema: Crear, amar…

Toda una declaración de felicidad interior o al menos de paz y una sensación devuelta hoy a mi mente, recordando su tono pausado en la voz o su predisposición para jugar conmigo; un registro diferente que se apropió de él en los meses posteriores a su forzada jubilación de la orquesta, tras 25 años de andanzas sobre el podio.

Tengo la impresión de que fue durante los paseos vespertinos que él hacía al borde del crepúsculo, por recomendación de su cardiólogo, donde acabo de descubrir algo. Y fueron mis pasos de niño una sola vez, su escolta. Porque sólo puedo recordar una de esas caminatas juntos; una más corta por mis distracciones, según dijo él después. Pese a lo cual su descubrimiento durante aquella ocasión, y el eco de esa revelación ante mis ojos, es hoy probablemente uno de los componentes de mis caminatas por el campo. Algo que comencé a saber aquella tarde, cuando al volver a casa nos topamos con Cristián Caballero, un buen amigo suyo que les esperaba en el estudio, a quien abrazó diciendo…

-Don Cristián, perdone usted la demora, pero hoy la caminata me ha dado una buena idea para la ópera… ya sabe usted que el que camina avanza…

Don José F., se refería a Vasco Nuñez de Balboa, la partitura que habría de ser la última de su producción. Al parecer bocetada para piano pero inconclusa, y que hoy, a pesar de mis esfuerzos, está ubicada pero sin haber sido posible reintegrarla a su origen… todavía.

Yo recuerdo la figura singular, enjuta, del maestro Caballero: cabello largo, barba muy aseada y bigote, y un tono de voz muy popular como resultado de sus años al aire por la sintonía de la desaparecida XELA.. .»Buena música desde la Ciudad de México», una emisora de radio comercial que difundió música clásica entre 1940 Y 2002. Y aunque volví a verlo en el homenaje efectuado a un año de la muerte de mi padre, celebrado en el Anfiteatro Bolívar, es un acto fácil ese recuerdo por la elegancia de su atavío con esmoquin, como maestro de ceremonias.

Pero es todavía más fácil verlo abrazado a mi padre aquella tarde en la gran biblioteca de mi casa , y a éste disculpándose por el sudor en su frente, debido a la caminata con el hijo…

-Que ya sabe usted cómo es esto de salir a pasear con estos… y mi niño, es el más curioso del mundo y todo lo quiere saber… y pregunta y pregunta… -No se preocupe, maestro, con suerte Pepito será descubridor o cosmonauta…

Tal vez estuve a punto de preguntar qué era un cosmonauta, pero por una vez me callé, pues no recuerdo una explicación. Luego la reproducción mental se interrumpe, como si los fotogramas se hubiesen saltado. Pero los recuerdo frente al piano, mi padre tocando y Cristián Caballero leyendo la partitura.

Son evocaciones de una ilustración con banda sonora. Y si cierro los ojos, también puedo sentir la caricia complaciente de mi padre. ¿Y saben que es lo que más me gusta de la estampa?… eso de: mi niño…

Su niño terminó por no ser cosmonauta aunque sí descubridor recurrente de los pequeños mundos del mundo, gracias al teatro y a las letras. Y aquel día probablemente haya sido el origen de los ecos que hoy me acompañan cada mañana por el campo, junto con Roma. Pero todo lo que vino después en ese día, está detrás de mi memoria: la hora de la merienda, la tele y el pijama o el cuento de las buenas noches…

De la ópera solamente se conoce su malograda existencia; probablemente pase a ser parte el peso muerto de la historia, una suerte de desguace intelectual a donde se dice que van a parar todas las obras humanas jamás terminadas. No obstante en su título creo que guarda un significado, por lo menos curioso, más allá de la inspiración que pudo haber despertado en mi padre, la vida del ilustre explorador extremeño. Porque yo me pregunto: ¿por qué estando ya enfermo le atrajo la figura de este personaje y no la de otro?

Si bien él había visitado Panamá para dirigir la orquesta sinfónica local, eso había sido en 1942 y es probable que durante su estancia haya conocido más de cerca la vida del famoso explorador extremeño, el primer europeo en divisar el Océano Pacífico, pero habían transcurrido muchos años guardando una idea en la cabeza, pero no deja de ser una probabilidad.

De cualquier modo, debo decir que intuyo en todo esto la existencia de una metáfora inquietante…

Vasco Núñez de Balboa fue un personaje de gran importancia en su tiempo, figura relevante entre sus contemporáneos, quien a pesar de todo eso, como pago a su ardua vida comprometida con la lucha, conquista y fundación de nuevos enclaves en nombre de la Corona Española, fue primero calumniado, despreciado, y al final decapitado por los suyos.

Después su vida pasó desapercibida durante muchas generaciones; la falta de interés y el olvido oficial le mantuvieron desaparecido. Y sólo como efecto de la labor del tiempo y de la mano de los historiadores, al menos cuatro siglos después, se fue recuperando el relato de la memoria con objetividad, donde sus acciones y su legado histórico, finalmente hablan por él.

La pregunta se repite: ¿Por qué fue inspiración de mi padre este personaje?

La historia es ante todo una elección, y los límites de esa elección.

Pero esa elección nunca es toda la historia.

-JJVT-

En la fotografía del lado izquierdo se puede ver al maestro Cristian Caballero (1912 – 1986) al micrófono, en su papel de conductor de la ceremonia en homenaje a José F. Vásquez, un año después de su muerte.

La ilustración colocada a la derecha corresponde a una imagen de don Vasco Núñez de Balboa, (1475 – 1519) explorador, gobernante y conquistador español. Fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico, y el primero también en haber fundado una ciudad estable en solares continentales del Nuevo Mundo.

La tercera fotografía es una copia del inicio del Tercer acto en la partitura de la ópera.


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