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2 de diciembre de 1939
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Eso de leer el periódico con 79 años de atraso, no tengo duda, tiene su dosis especial de magia, y una vez más lo acabo de corroborar luego de leer y releer este binomio de testimonios, aparecidos en la prensa de aquel entonces; uno, ya se ve en Novedades, con fecha 2 de diciembre de 1939. Días de guerra en Europa y de avance en el proyecto de la hoy OFUNAM, y el otro, destinado a permanecer a su lado, sin que podamos saber muy bien en qué otro diario nacional apareció, creo yo, unos meses después.
Pero vayamos al primero.
En aquel año de 1939 don José F. y el maestro José Rocabruna, instituyeron el Primer Concurso Universitario de Composición, donde por cierto el triunfador fue Carlos Pérez Márquez. Y también en ese año, mi padre compone su cuarta serie de Lieder para canto y orquesta, y habría de presentar por vez primera dentro de una sola temporada, sus tres conciertos para piano y orquesta.
El proyecto de vida llamado José F. Vásquez seguía evolucionando y por lo que se lee aquí en los artículos, el resultado era de agradecerse, sobre todo si reflexionamos un poco, y nos situamos en el seno de la comunidad universitaria que gracias a la fundación de esta orquesta, casi tres años antes, tuvo a su alcance y de forma gratuita, la música de los grandes autores de cualquier época. Y así, el Anfiteatro Bolívar terminó siendo un recinto frecuentado y de modo entusiasta, por los jóvenes universitarios de aquellos años.
El texto de Novedades, firmado por Alfredo Gutiérrez Salas, nos dice: «Si se formara una terna con los mejores directores de orquestas sinfónicas mexicanas, José F. Vásquez tendría que figurar forzosamente en ella»
Después afirma que de acuerdo al seguimiento paso a paso que ha venido haciendo a la Orquesta Universitaria, su progreso es muy notable, y califica de espléndida, la labor del director Vásquez (bien escrito el apellido, por cierto) «Quien dotado de un magnetismo personal, hace que desde su aparición en el podio hace que el público se impresione favorablemente; esto se confirma con su innata elegancia para dirigir, así como por la ductilidad y dominio verdaderamente notable para dirigir, así como en la interpretación de obras de diversas tendencias y épocas que le permiten conseguir efectos de sonoridad y fraseo bellísimo»
El crítico musical sigue dando ejemplos de obras presentadas en anteriores temporadas, haciendo énfasis en la airosa y detallada interpretación de la Primera Sinfonía de Brahms. Por lo que de acuerdo a sus ojos, lo dicho: el proyecto de vida llamado: José F. Vásquez evolucionaba de manera grata y siendo útil a los demás.
Dos objetivos fundamentales en la vida, creo yo; ser feliz y ser útil.
El artículo que comparte contigüidad en este plano, y que he elegido con objeto de ilustrar con pocas letras aquel fin de temporada de una joven orquesta dentro de aquella época de guerra en el mundo, está firmado por Víctor Manuel Guillermo y pudo haber aparecido en El Universal, días después, a fines de ese mismo año de 1939, y nos relata sus impresiones del panorama de actividades de la orquesta, que en ese momento tuvo como director huésped al maestro belga Jean Kumps, residente en México y profesor del Conservatorio Nacional de Música.
De aquellos hechos me parece justo y necesario destacar el impacto negativo que tiene la desmemoria cuando ha caído, además del caso de mi padre, en otro músico mexicano: Rafael J. Tello. De quien en esa fecha se interpretó el Tríptico Mexicano, un poema sinfónico del que hoy, a tantos años de distancia sólo podemos saber que es una obra hermosa e inspiradísima (sic), pues hasta donde yo he rastreado, nunca más fue ejecutada y mucho menos se sabe de que alguien la haya grabado. Una pieza que, «desde hace tiempo esperaba con muy altos merecimientos, una consagración como la que recibió en el último concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad» … nos dice el cronista. Y nos deja pensando, o al menos a mí, ¿qué ha tenido que ocurrir, y cuántas voluntades han dejado de operar, para que partituras así permanezcan en la inexistencia?
¿No es posible buscar y rebuscar hasta recuperar y digitalizar esta música?
¿Cuánto puede costar esto?
¿Cuánto vale la satisfacción de esta generación, de cumplir con su deber?
De vuelta a la magia del mundo amarillento tiempo atrás, también es necesario señalar que en ese concierto hubo un director por cada obra: Rocabruna dirigió la Cuarta Sinfonía de Johann Christian Bach, el mencionado maestro Kumps, condujo la obra del mencionado maestro Tello, y don José F., subió al podio para dirigir en primer término su Primer Concierto para piano y orquesta, con Carmen Azuela de Domínguez como solista, y a continuación, Tanhausser de Richard, Wagner. Un programa que ratifica la ductilidad de la orquesta, ya referida.
A estas alturas de la lectura vuelvo a pensar que el proyecto de vida nominado a cargo de mi padre, proseguía su curso, y no dudo que de acuerdo a sus planes. Que primero soñó una orquesta. Que luego levantó desde la nada esa idea. Y que a esas alturas de la trayectoria, tal orquesta era una institución querida por el público, respetada por la crítica musical y sobre todo, amada por quienes por aquel entonces veían que el trabajo en pro de la cultura, sí puede rendir frutos hacia un futuro en el que, 79 años después, alguien puede corroborarlo, asomándose al mundo amarillento y letrado que nos dice lo que fuimos, antes de ser lo que somos.
Nuestro relator del pasado cierra su texto y nos dice: » En próximos artículos nos referiremos a Vásquez compositor, ya que la ejecución de sus tres conciertos para piano y orquesta merecen un estudio aparte.
» Ojalá que en un futuro próximo las autoridades universitarias, en vista d ella meritoria labor que realiza esta orquesta, de la cual debe sentirse legítimamente orgullosa, pueda darle un impulso todavía mayor, en bien del arte musical de nuestra patria, con la seguridad de que a sus esfuerzos corresponderá con creces ese esforzado grupo de paladines del arte que forman la Orquesta Sinfónica de la Universidad, capitaneados por sus dos directores: Vásquez y Rocabruna.»
Después el punto final del artículo nos deja un largo silencio en la partitura de las reflexiones…
Un dato curioso de la matemática de la existencia: Mi padre habría de morir el 19 de diciembre de 1961. Rafael J. Tello, uno de sus mentores, partiría al día siguiente, el 20 de diciembre del mismo año.
¿Acaso fue una cita compartida camino al olvido?
Eso parece, y ojala pronto deje de serlo. Las partituras de ambos merecen oportunidades, y nosotros como melómanos y como mexicanos, también.
Lo último. Es también tan justo y tan necesario evocar aquí y ahora, la figura del principal cómplice de los sueños, tanto de mi padre como de José Rocabruna: Don Salvador Azuela. Por aquellos años Secretario General del Departamento de Acción Social de la UNAM y brazo ejecutor del gran proyecto de lo que hoy se llama OFUNAM. Un insigne humanista y académico que entre otros cargos se desempeñó como Director de la Facultad de Filosofía y Letras, como Jefe del Departamento de Difusión Cultural, y fue el fundador de la Revista Universidad, además de Director del Fondo de Cultura Económica, entre otros cargos siempre al servicio de la cultura en México.
Otro dato curioso de la misma matemática: Azuela nació un 4 de septiembre; Tello un 5 de septiembre.
Yo debo decir que a don Salvador apenas lo recuerdo frente a un micrófono en el Anfiteatro Bolívar; ese escenario entrañable para todos estos queridos fantasmas detrás del mundo amarillento desde el que intentan contarnos la historia de un triunfo que hoy usufructuamos quienes tuvimos simplemente, la suerte de nacer después. Y lo evoco en ese sitio, el 19 de diciembre de 1962, en medio de un breve y sentido discurso, dentro del homenaje que se organizó a un año de la muerte de mi padre.
Ese día se tocaron obras suyas de las que otro día les contaré algo. Sin embargo una copia parcial del discurso hallada fortuitamente, como tantas cosas relacionadas con esta investigación, ha querido recuperar un momento con la emoción de don Salvador Azuela, conmemorando su existencia ahí, en el corazón donde floreció la orquesta a pesar de todo y no obstante la férrea oposición oficial, y por tanto en contra de todos los pronósticos que le auguraron una corta vida.
-Gracias a la única fugacidad tangible e inexorable a la que se somete la vida de quienes inventan sueños de la nada, dijo Don Salvador, y emocionado y casi deletreando, pronunció el nombre de José F. Vásquez… A quien hoy venimos a recordar aquí, entre las paredes que atestiguaron sus éxitos…
Luego recuerdo mi emoción al verme envuelto por la ovación y por un lloroso abrazo de mi hermana María Rosa, ambos sentados en la segunda fila; vestidos de gala y absortos; ateridos, pero de alguna extraña forma, felices.
Quizá sea que la conmemoración de la muerte nos dejó esa noche entre las manos mucha vida por vivir, y un mundo memorial necesitado de ser rescatado. Un sueño a realizar desde la nada; a pesar de todo, no obstante la oposición, y contra los pronósticos de los ajenos, que me auguraron una vida similar a la suya, sin memoria.
-JJV-
La imagen a la izquierda nos muestra los dos artículos de prensa, uno de 1939, (El Director Vásquez) y el otro de 1949 (Vida musical).
La fotografía de la derecha corresponde a un aspecto del público durante el homenaje al compositor, realizado a un año de su muerte, en el Anfiteatro Bolívar de la ciudad de México; en la segunda fila asoman los rostros de sus hijos José Jesús y María Rosa, entonces con 10 y 7 años de edad, respectivamente.
La tercera reproducción corresponde a la carátula de la partitura orquestal del Concierto No.1 para piano y orquesta (1920) de José F. Vásquez.
Finalmente, en la extrema derecha se puede apreciar una copia de la programación de la temporada.
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