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23 de agosto de 2014
En su párrafo inaugural, el cronista denota certeza en su conocimiento del medio; un estatus que ya se ve no tiene época y una ratificación de que la luz convive con la sombra, siempre. ¿O no suele ser esta una situación frecuente para un soldado de la cultura? Después el periodista nos da las claves que a su entender caracterizan el rol de mi padre como funcionario:
«El señor profesor José F. Vásquez, Jefe del Servicio de Radio de la Universidad Nacional Autónoma de México, es un elemento ampliamente identificado con el arte, y sus actuaciones como director de orquesta han sido brillantísimas. Reconocemos que tiene por delante un gran porvenir no obstante que críticos y público le han consagrado ya como director y como artista. De todo esto: su temperamento, sus conocimientos, y la ausencia de «influyentes» que le «inviten» a hacer determinada «cosa», resulta su acierto al dirigir los destinos de la Radio-Universidad, que entre paréntesis diremos: cumple ampliamente con su cometido de estación cultural al hacer ARTE y difundir CULTURA…
Esto nos ubica dentro de la cronografía personal de don José F, por entonces en auge y desarrollo, de acuerdo a las apreciaciones de quien firma esto. Y su testimonio, debo decir, me gusta pues concatena con el perfil fundamental que yo como hijo tengo de mi padre; más aún, a estas alturas de mi vida creo apreciar con nitidez el significado de su lucha contra corriente y con el único apoyo de la institución a la que se entregó por casi 40 años. Algo que se dice pronto pero que conviene deletrear pensando en toda vivencia contenida en esos años, que para él representaron el 70% de su vida.
Ahora bien, las mayúsculas que usa nuestro cómplice de aquel entonces, para cerrar el párrafo, hablan de lo prioritario que tenía para ese hombre el ejercicio polinizador del arte y la cultura, sobre todo en los jóvenes, y en el entusiasmo y en la curiosidad con el que llenaban el Anfiteatro Bolívar para escuchar a «su» orquesta. Dos energías humanas naturales y complementarias.
Al final utiliza puntos suspensivos y esto también me gusta porque es un enlace común que yo uso, quizá a veces en exceso, pero es que no dejo de pensar que los puntos suspensivos nos representan muy bien, pues siempre existe la posibilidad de dejar algo inconcluso; bien un beso, una taza de café, un viaje, un atardecer, los zapatos a medio uso, un poema equivocado, una idea jamás implementada, y claro está, la vida misma. Y es que estamos expuestos al silencioso acecho de los puntos suspensivos en nuestra bitácora. Por eso me gusta usarlos.
Los puntos suspensivos que correspondieron a José F. Vásquez, no afloraron hasta su muerte en diciembre de 1961, arrojados sobre el valioso texto de sus logros, no obstante frágil en demasía frente a la desmemoria humana, pero en los que yo me he empeñado en trabajar para conseguir su rescate, y con ello, el de su vida y su obra. Y lo hago con la mira puesta en mis propios puntos suspensivos que un día se anticiparán a mi firma…
De vuelta en el artículo, este buen hombre del que no he podido averiguar su nombre, nos deja ver lo que siente frente a la pausa. Lo que piensa al ver venir un silencio en la partitura de su entusiasmo por esta orquesta:
«La Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de México. tuvo un ciclo brillantísimo de audiciones que fueron transmitidas por los micrófonos de XEXX, y verdaderamente sentimos que hayan llegado a su término, que aunque feliz, nos trae la angustia de una nueva espera…»
Y no se puede pasar por alto que use dos palabras simbólicas de su momento de teclear el texto: feliz, y angustia…
Dejo ahí los suspensivos a modo de espacio para reflexionar imaginando a nuestro cómplice intemporal, ahí, sentado frente a su hoy vieja máquina de escribir, quizá rememorando aún algún pasaje de polen bachiano, mozartiano o con suerte hasta vasqueziano, que la orquesta haya transportado hasta el oído de su espíritu, ya que resulta difícil leer una reseña tan emocional, y tan afectuosa hacia un colectivo orquestal.
Por todo lo anterior me he quedado pensando en la muy probable juventud del escribano, dada la vehemencia en sus letras, el idealismo a flor de piel y su declaración contra el poder establecido, en el entendido de que todo esto no fue más que un puñado de impresiones a partir de la música recibida de una buena orquesta apenas en ciernes, mal pagada y en riesgo latente de disolución, como hemos leído en este y en testimonios anteriores, desde «el tiempo amarillo de una fotografía» , como decía Miguel Hernández, de aquellos tiempos tan difíciles de la hoy OFUNAM, si bien acometidos con inspiración, temperamento y conocimientos, como él mismo señala, pero que hoy, igual que unas viejas partituras también enfermas de amarillo, están expuestas al deterioro natural y caducifolio de la memoria humana.
Pues crónicas como esta, nos revelan la existencia y resistencia de un plano superficial en el que sólo se miran las flores y no la raíz. ¿O es que siempre fuimos lo que somos?
Y claro, a mí me da por preguntar:
¿Por qué no sabemos lo que fuimos?
¿Cuándo, dónde y por qué se rompió el relato original de una orquesta pero también de una radiodifusora?
¿Quién ordenó tal deriva?
Aquí caben muy bien de nuevo y para terminar, unos puntos suspensivos ligados a esa desmemoria caliginosa e inane que nos separa de aquellos queridos fantasmas, inspiradores de pasión y entusiasmo en el público, y de uno que otro sueño también, a lo largo del dilatado prólogo de lo que hoy somos, como consecuencia de lo que ellos…
Pues a pesar de todo, estos fantasmas en bicolor, hablan por sus espíritus.
-JJVT-
——————— MIGUEL HERNÁNDEZ: «Sigue, pues, sigue cuchillo, volando, hiriendo. Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía»
La primera imagen a la izquierda, reproduce el articulo de prensa publicado, presuntamente en 1938. La fotografía central corresponde a la noche de la inauguración de Radio UNAM, la noche del 14 de junio de 1937. Las dos últimas a la derecha, muestran un aspecto de las antiguas instalaciones de la radiodifusora y un anuncio publicado en la Gaceta Universitaria en ese mismo año de 1937.
En la fila inferior se muestra el Directorio de la UNAM del mes de junio de 1939, publicado por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.




