Palabra de Bach

28 de mayo de 1961

Julio 26 de 2015

42.

— A ver qué nos dice hoy el padre Bach…

Esta era una frase recurrente de mi padre, y una vez que me llevó a la

Escuela Libre de Música, se la oí decir a sus alumnos en uno de los pasillos rumbo al salón de clase. Yo me quedaba con mi tía Nina, su hermana y administradora por muchos años de la escuela que don José F. había fundado en 1920. Una escuela llena de historias y de notas que supongo, todavía flotan dentro de sus paredes.

Y así mientras él daba su clase yo baboseaba desde un balcón, porque lo curioso me viene desde entonces. También me gustaba recorrer los salones vacíos de la escuela, entonces ubicada en la avenida 5 de mayo, y hoy todavía recuerdo su olor.

Desde que escuché aquella frase en boca de mi padre no dejé de plantarme ratos largos frente al busto de mármol de JS Bach, (como se leía en su base) impresionado por el tono de veneración que usaba mi padre cada vez que lo nombraba.

Otras veces miraba sus fotografías al frente de diferentes orquestas, o contemplaba los cuadros con las condecoraciones y diplomas ganados a lo largo de su carrera. Algo que me causaba un hormigueo ventral muy curioso; hoy sé que se trataba de alguna forma de dicha muy privada, muy personal y claro, absolutamente infantil, y por tanto, genuina y muy cercana a la devoción que los niños suelen sentir por sus héroes.

Así era yo cuando visitaba la escuela de mi padre.

Un niño atrapado por la admiración, por la curiosidad, y sin saberlo, perseguido por un tic tac invisible muy bien disimulado, cada vez que me plantaba en el balcón a ver pasar el mundo. Un refugio panorámico desde donde yo podía, con un giro de cabeza, espiar a un lustroso JS Bach, que de acuerdo a mi padre, tenía preparado algo nuevo y útil que decir cada día.

Un aprendizaje de toda la vida, debo decir. Porque yo no fui capaz de comprender esa frase entonces, ni siquiera en años próximos a la desaparición vertiginosa del mundo aquel del padre director de orquesta y de la madre violinista; no. Tuvo que ser hasta bien pasada la primera juventud, en una sala de conciertos en Lausana, Suiza, durante mi primer viaje a Europa, donde por fin logré desmenuzar completamente la frase de mi padre, mientras escuché, con todo el cuerpo, los Conciertos de Brandemburgo.

Hoy cuando escucho a Bach, la frase vuelve como un preámbulo que honra mi recuerdo del balcón, del busto de mármol y de aquellas mis visitas a la escuela donde Bach tenía siempre algo que decir al alma de quienes querían o podían escucharlo.

Algo que en la abuelidad ha ido cobrando un territorio más amplio, más hermoso y más benévolo que, sin embargo, conserva la devoción infantil de aquel tiempo.

Porque ésta feliz abuelidad me hace arborecer conforme puedo escuchar las viejas nuevas notas de mi padre que jamás había podido escuchar pero que día con día parecen cada vez menos distantes y en vías de ser desempolvadas.

Como ustedes saben, hace muy poco recibí la grabación de la maestra Verónica Murúa, de un CD de arias de ópera mexicana que incluye el aria, «Virgencita del alma», de la ópera Los compañeros de la hoja. Obra musicada de manera sorprendente en 1911, por un José F. Vásquez adolescente de 15 años, que supongo desde entonces ya sabía de los dichos del padre Bach.

Esta obra es por tanto una de sus primeras obras. A saber, su Opus. 3.

También estoy en espera que de acuerdo a lo convenido, la soprano Katia Reyes cumpla y me haga llegar algunos ejemplares del CD con otras dos arias vasquezianas que acaba de incluir en su Disco de Ópera Mexicana.

Una grata sorpresa que descubrí gracias a mi buena suerte.

Una muestra de los ecos de la palabra musical de don José F.

Pero además, hace unos días, los organizadores del Concurso de canto Olivia Gorra 2015, me han solicitado autorización y ayuda, para utilizar diversas arias de las siete óperas de mi padre, así como algunos de los 60 lieder de su producción, porque han sido incluidos en el repertorio del concurso.

Una convocatoria que yo como melómano y como mexicano celebro ampliamente, por su enfoque y por los objetivos que a la vista se han marcado, todos en favor del canto bello de nuestro país.

¿Han surgido últimamente más proyectos serios para grabar obras de José F. Vásquez?

Sí. Los hay. Y si todo marcha bien pronto podré informarlo aquí.

Y aprovecho para decirle a los músicos interesados en la obra de mi padre, que podrán contar con mi autorización, con mi complicidad, con mi colaboración y con mi agradecimiento, cada vez que tengan a bien solicitarlos siguiendo una gestión seria y de acuerdo a la ley.

Porque yo soy el primer interesado en que la música no siga empolvada, pues visto lo visto, don José F., tiene mucho que decir.

Y espero que otros como yo tengan el deseo de escucharlo con la misma curiosidad que sentí hace mucho.

Sobre todo después de recordar otra frase de mi padre que por fortuna quedó grabada junto con las voces de los protagonistas, en la entrevista de camerino, posterior al estreno de El último sueño, el 28 de mayo de 1961.

En ese momento y con sólo dos palabras, él señaló una circunstancia y el aliento que lo llevó, quizá desde los años quinceañeros de su primera ópera, hasta esa noche de su despedida, poco antes de su muerte.

— Malgré tout…

Porque no obstante todos, y a pesar de ese todo tan lleno de olvido y tan parecido a la nada, JFV tiene algo que decir para quien quiera escucharlo…

A pesar de todo.

-JJVT-

En las imágenes de arriba , y en el orden acostumbrado, aparecen, la tumba de Bach, el edificio que en la avenida 5 de mayo, en el Centro de la ciudad de México, fue la sede de la Escuela Libre de Música, y una alegroría del olvido.


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