Entrevista con un fantasma

Marzo 24 de 2018

47.

Allegros Re allegros, queridos cómplices, ojala que para cuando estemos vinculados gracias a la lectura que ustedes hagan de mis letras, la primavera se haya manifestado ya formalmente por acá en Europa, pues parece que cada vez más el fechado que hemos inventado para el cambio de las estaciones, está perdiendo su eficacia como resultado, dicen los expertos, del cambio climático planetario, provocado, como no, por la misma mano del hombre.

Una vez más somos testigos de los efectos de las acciones precedentes que reflejan la premisa del sistema bajo el que nos ha tocado vivir esta vez: O tú o yo.

Y si somos capaces de alterar el clima del planeta, no es extraño ni novedoso que la historia de las instituciones humanas hayan corrido y aún corran también con tal suerte.

Dejo la reflexión sobre la mesa mientras miro una fotografía de mi padre, sentado en su despacho convertido transitoriamente en aula, donde don José F. ha interrumpido su clase para atender al entrevistador, firmante del texto: Rafael A. Pérez. A quien debo agradecer que con su introducción hoy podamas saber lo que ocurrió en ese lugar, justo antes de comenzar la charla, y esta minucia, creo yo, puede ser un indicio del ritmo presto que mi padre tenía por aquel entonces, como proyecto de vida, porque también don Rafael nos dice que en ese momento, mi padre era además de Director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, Jefe del Departamento de Radio de la misma Universidad; es decir, los albores de la hoy Radio UNAM.

¿Conocerán ahí hoy esta información?

Parece que no porque hace unos años me escribieron de Radio UNAM, ante la duda de este dato que en algún momento señalé en este mismo espacio, como dije, hace tiempo. Y como no volví a saber nada de ellos, y como tampoco aparece mi padre como antiguo jefe o director de la radiodifusora, en aquel amanecer de instituciones universitarias, prólogo de lo que hoy es el conjunto de difusión de la cultura dentro de la UNAM, de nuevo tengo la impresión de que algún tipo de biombo desmemoriado, se interpone entre la realidad de entonces y la nuestra; uno más dentro de la vida de José F. Vásquez. Uno más que habrá que recolocar donde corresponde.

Hoy puedo reiterar la información que ofrecí entonces, avalado por la entrevista de don Rafael A. Pérez, que si bien no está datada, podríamos establecer que pudo ocurrir después del 14 de junio del año de 1937, fecha de la primera transmisión en vivo por la radio de un concierto de la OSU, y tomar en cuenta además que por su aspecto, don José F. debió tener por entonces alrededor de 40 años de edad. Y el despacho en cuestión estaba ubicado en Justo Sierra No.16, de donde yo recuerdo se tenía que bajar por unas largas escalinatas, y cruzar un patio hasta el Anfiteatro Bolívar, cada vez que había un ensayo.

Recurro a la página oficial de Radio UNAM, y este párrafo me ayuda en el rompecabezas:

» El ingeniero Ignacio Díaz, especialista en electrónica y nieto de Porfirio Díaz, montó la estación en el estudio de la calle de Justo Sierra 16, en dos cuartos del primer piso. «Uno de ellos servía básicamente para bodega y oficinas generales; en el otro se ubicaba la parte medular de la estación en cuanto a aparatos y estaba subdividido por una estructura más pequeña en tres zonas: una de ellas era la cabina de control, otra la cabina de locución y el resto un estudio pequeño, donde ejecutaban sus intervenciones los pequeños conjuntos musicales invitados»

Y es que en esas oficinas generales que se mencionan arriba, estaba el despacho-aula de mi padre.

Luego es más fácil reconfigurar aquellos escenarios en la mente, donde los amaneceres del corazón de la difusión de la cultura dentro de la UNAM, olían a polvo y a sudor; al menos así me ha venido al recuerdo por las veces que mi padre me llevó a algunos ensayos de la orquesta, luego de pasar por el despacho para hablar con su secretaria (Elena, si no mal recuerdo) o para recoger probablemente algún informe, o sencillamente para recoger las partituras del día.

La página de Radio UNAM nos describe aquél gran día de la inauguración, varias veces pospuesta por las limitaciones que por entonces enfrentaron todos esos exploradores de sueños, que levantaron el esqueleto cultural de la UNAM.

Y así, a lo largo del texto oficial desfilan los nombres y los apellidos de aquellos visionarios de corazón auriazul: Gómez Arias, Azuela, Rocabruna, Tercero…

» En esta forma, la Universidad hace oír nuevamente su voz de siglos, la labor de su cuerpo colegiado, de sus médicos, de sus abogados, de sus ingenieros, de todos sus catedráticos, de los que sirven al país del que la Universidad es esperanza y quiere ser un ejemplo».

» La Universidad Nacional aprovecha en esta ocasión, una de las maravillas de la técnica moderna: el radio, (sic) que no sabe de distancias, que no tiene bandera y que está al servicio de la humanidad»

Esto nos dice la página oficial en la copia de un párrafo, y agrega:

» Puntualizó que nuestra Alma máter «tenía un amplio programa de extensión cultural por medio del radio», no sólo para México, sino también para el extranjero, y envió un saludo a las comunidades universitarias de provincia. El auditorio en pleno se congratuló por «la palabra elegante, justa y breve del licenciado Gómez», por aquello de bueno y doblemente bueno, si es breve»

A continuación relata lo ocurrido en el concierto donde se menciona la exitosa intervención de José F. Vázquez (así, mal escrito) y nos pinta el panorama festivo, diría yo, del siguiente día en los medios de comunicación, que hablaron de un acontecimiento histórico no sólo para la UNAM sino para el país.

Remiro entonces la fotografía y me fijo en la parte final y reveladora del diálogo, donde mi padre señala el comportamiento de otros gobiernos frente a las radiodifusoras exclusivamente comerciales y nos dice:

-Pero desgraciadamente estamos lejos de ello. De Radio Universidad no debiera decir nada. Nuestro auditorio es el encargado de opinar a ese respecto y sus opiniones nos animan. ¡Pero estamos solos, y el resultado de nuestra labor puede ahogarse pese a nuestros esfuerzos!

-Entonces maestro, en concreto, ¿Qué opina usted de la radio?

-Que en México, y por ahora, es más perjudicial que benéfico para el pueblo y que debieran cuanto antes encauzarlo por mejor camino.

Toda una declaración de principios y de intenciones, que asimismo comprueba la pertenencia de José F. Vásquez, a ese prólogo de la radiodifusora universitaria de hoy. Un mundo hoy inimaginable, borroso e impreciso, según parece si nos centramos un poco en este otro párrafo de la página oficial vigente de Radio UNAM:

» La planta difusora se estableció en la antigua escuela de Ciencias Químicas, en Popotla, sobre unos tejados de lámina, rodeada de una arboleda espesa, lo cual hacía que la estación» tuviera dificultades en la captación. Además, la antena era un alambre que colgaba de un edificio a otro».

Así fue ese mundo bicolor al que podemos asomar gracias a sus imágenes hoy enfermas de amarillo; mundo del que ya se ve nos falta conocer muchas cosas y reconocer otras tantas que establezcan con cabalidad nuestra gratitud contemporánea, hacia los pioneros del sueño cultural de la UNAM, (incluyendo los que todavía son fantasmas) en medio de aquellos años en que la política y los celos profesionales de los adversarios y enemigos, continuamente intentaron detenerlos.

La paradoja mayor que existe como realidad de nuestros días, y que muchos ignoran, es que a nuestros pioneros de entonces, en general, se les ha destinado a un discreto olvido, detrás de uno de esos biombos espectaculares que ocultan los olores a polvo y sudor. Y en cambio, a los empoderados que por entonces descreían del proyecto universitario, y no sólo a nivel cultural, hoy se les rinde un pétreo tributo en frontispicios, o en escuelas y orquestas que llevan su nombre… ¿Por qué?

Porque «la historia no se escribe sino con el dictamen oficial, con la pose de la academia y la simpatía del amanuense» …

Como dice Gabriel Pareyón en su libro «José F. Vásquez, Una voz que a los oídos llega».

Y en el contenido de tal dictamen, en la pose o en la simpatía del amanuense, casi nunca tienen cabida los despachos polvosos que huelen a sudor, o los alambres colgados que como antena algún tiempo llevaron la voz de los fantasmas, como ese señor de la entrevista, cuando dice:

-¡Pero estamos solos, y el resultado de nuestra labor puede ahogarse pese a nuestros esfuerzos!

Y la verdad no sé si él se refería a su labor al frente de aquellos brotes verdes de la radiodifusión de la cultura en México, o bien si desde su mente habrá hablado su espíritu ese día, presintiendo su desenlace fantasmal como universitario.

Porque solos estamos; ya se sabe. Pero, ¿nacemos entonces para estar en manos ajenas y para desaparecer de la historia?

¿Cómo saberlo?

Me vienen a la mente las palabras del neurocirujano norteamericano David Eagleman, quien afirma que… hay tres muertes. La primera es cuando el cuerpo deja de funcionar. La segunda es cuando el cuerpo es arrojado a la tumba. La tercera es ese momento, en algún punto del futuro, cuando tu nombre es dicho por última vez…

Como no se puede andar contra las dos primeras, habrá que continuar con este empeño enfocado en impedir la más terrible y en este caso también la más injusta de todas, que es la tercera, nombrando, escribiendo y proclamando el nombre de un fantasma universitario y su gran legado a la música en México, así como del corpus musical que ha heredado a las generaciones del futuro en que vivimos; ese fantasma entrevistado ese día en aquel despacho-aula, en su calidad de Jefe del Departamento de Radio de la Universidad, antes de sus primeras dos muertes: José F. Vásquez.

Por cierto, y como cumplimiento a la advertencia que hace la página oficial de la Radio UNAM, en caso de publicar lo anterior y que dice:

«Este contenido fue tomado originalmente del sitio oficial de Radio UNAM. Puede ser replicado siempre que se cite la fuente. Radio UNAM»

Visto lo visto, todo lo contenido aquí a lo largo del texto tomado de una fotografía bicolor y enfermiza, y de sus letras fantasmales, también puede ser replicado, básicamente por dos supuestos:

1- En caso de que por alguna extraña razón fuera del interés de alguien curioso por saber la intrahistoria detrás del biombo de la realidad.

2- Si descubrirla, revelarla y comprobarla, en algo contribuyese a saber reconociendo todo lo que fuimos, con el objetivo real de saber ser lo que parece que somos.

-JJV-

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