José F. Vásquez y Cielito lindo

Octubre 27 de 2020.

49.

Los nacidos en México tenemos la impresión de que no hay un mejor símbolo informal nuestro que la canción Cielito lindo; eso aprendimos, eso hemos oído (y cantado) a lo largo de la vida, y nos es muy fácil sonreír en cuanto comienza la melodía, estemos en el lugar donde estemos, haciendo lo que estemos haciendo; yendo por el camino que nos ha tocado en suerte emprender o estando en el país en el que hemos decidido vivir, como es mi caso. Cielito lindo ha sido quizá la melodía más abrigadora del alma mexicana y la sentimos nuestra, sólo nuestra y muy nuestra porque es nuestra.

Sin embargo como saben yo soy muy curioso, y siempre he tenido una duda, digamos geográfica, sobre un asunto; aquello que dice: de la Sierra Morena, etcétera… Porque desde hace mucho aprendí que tal cordillera está ubicada en España, entre Extremadura y Andalucía, y que fue durante mucho tiempo la frontera con Granada, la última región árabe en la península ibérica hasta que fue conquistada por los Reyes Católicos de Castilla en 1492. Y saben, ese asunto me daba vueltas en la cabeza, aunque eso sí, cuando se trataba (y se trata) de cantarla, aun hoy la memoria geográfica desaparece de inmediato, quizá porque una melodía es asunto del alma, y la geografía no. ¿O sí?

Hemos aprendido sobre lo aprendido que antes otros aprendieron, porque esos lo hicieron de otros, y aquellos antiguos lo hicieron de otros, y así hasta las cavernas. De donde seguramente se salió gracias a la curiosidad que como siempre, al final suele vencer al miedo; será por eso que casi puedo ver a esos curiosos originales salir de su cuchitril, cantando, espantando los miedos que también habían aprendido de otros.

Esto de verlos salir cantando, desde luego es una interpretación delirante muy mía, sin ningún sustento científico pero que a mí me alegra. Lo mismo que me ocurre cada vez que canto o escucho Cielito lindo. Porque les juro que puedo imaginarlos cantar alegrando sus corazones… y en marcha rumbo a la luz. En fin…

La Wikipedia nos ofrece esta su versión: «Cielito lindo» es una canción tradicional mexicana, compuesta en 1882 por el mexicano Quirino Mendoza y Cortés, quien se inspiró en su esposa (a quien conoció en la sierra y poseía un lunar cerca de la boca). La canción, usualmente acompañada de mariachis, ha sido parte del repertorio de importantes figuras folklóricas como Pedro Vargas y Luis Aguilar. Esta canción es un símbolo informal de México, especialmente en el extranjero, donde grupos de mexicanos cantan para identificarse como tales (como ocurre, por ejemplo, durante las copas mundiales de fútbol o los juegos olímpicos). «Cielito lindo» ha sido interpretada por numerosos artistas, como Tito Guízar, Pedro Infante, Vicente Fernández, Ana Gabriel, Luciano Pavarotti, entre muchos otros. De acuerdo con la eminente filóloga, la maestra Margit Frenk Alatorre, parte de la canción está basada en una seguidilla de Lope de Vega, que dice: «Una flecha de oro / me tiró el amor: / ¡Ay, Jesús, que me ha dado en el corazón…», similar en «Cielito lindo» a: «Una flecha en el aire (cielito lindo) / tiró Cupido / él la tiró jugando (cielito lindo) / y a mí me ha herido». En la versión mexicana se modifica la métrica (por el pentasílabo agregado a la seguidilla) y se cambia el amor por el personaje imaginario que enamora: Cupido.Asimismo, la citada Sierra Morena podría referirse a la Sierra Morena en España (lo que decía), ubicada entre Extremadura y Andalucía, aunque también podría aludir a la Sierra Morones en el estado de Zacatecas, México, ya que el compositor tenía antecedentes familiares en ese estado; no obstante, el estribillo sobre dicha serranía española existe en las trovas populares desde antes de la composición…

¿Tendríamos entonces que cantar nuestra mexicanidad, corrigiendo a: «de la Sierra Morones, Cielito lindo»?…

Por otra parte, es posible que «ojitos negros» aluda a la sangre árabe o morisca presente en España, que pasó a Nueva España durante la colonización española de América y llevó consigo tradiciones como el uso de la guitarra que, junto con las costumbres locales, se convirtieron en parte de la cultura y folclore mexicanos…

Y no le sigo porque al final es una fuente común la que nos ha dado de beber, y hemos sido nosotros y nuestros antecesores precedidos por los suyos (que también son nuestros) de acuerdo al reparto geográfico aleatorio que nos ha tocado, quienes hemos ido eligiendo y haciendo nuestro algo. Por supuesto incluidas nuestras canciones. Ese es uno de nuestros privilegios. Una de nuestras reivindicaciones de cara a la fugacidad que nos define, y que junto a la obligación de ser felices, es uno de los deberes primigenios a lo largo de nuestra aventura humana, porque, ya saben, las melodías son asuntos del alma.

Cuando arriba se cita una lista de celebridades que han interpretado la canción, y supongo que sin ponerse a pensar en la geografía, como yo, nos falta alguien; José F. Vásquez. Uno de esos curiosos aún más atrevido que no sólo la habrá cantado como cualquier mexicano, o como quienes la han hecho suya en otros países. Como ejemplos cito, por un lado, el uso más lúdico que le dan los cariocas durante los bailes de carnestolendas, dentro de los nueve carnavales de Río en los que estuve durante mi juventud, y que hoy suspiro al recordar… Por el otro, también recuerdo haber escuchado la melodía cantada en serbio, durante un baile de fin de año al que asistí en Belgrado, en la antigua Yugoslavia, quién sabe cómo. Porque las melodías son asuntos del alma. Pero también son aprendizajes asimilados sobre lo cultivado que antes otros aprendieron… y modificaron, y arreglaron, y desarreglaron con tal de hacerlos más suyos, como una canción.

Al final eso del cielo, y de acuerdo a la teología cristiana o al budismo, a la mitología griega o la cosmología prehispánica, en el fondo habrá el deseo de alcanzar el Ilhuícatl o las llanuras Eliseanas, el Nirvana o el Valhalla, donde la felicidad dicen es perfecta y eterna, sí, muy bien. Pero también pueda ser que simplemente y por vía de mientras, sólo se trate de regocijarnos al llamar cielito a quien amamos, y de cantar Cielito lindo como sea y donde sea. Creyéndola sólo nuestra.

Aquí reproduzco diversas voces contenidas en el libro: José F. Vásquez – «Una voz que a los oídos llega» de Gabriel Pareyón – Secretaría de Cultura del Edo. de Jalisco – 1996, enfocadas en este concierto.

El recientemente desaparecido pianista, Carlos Vázquez, dijo:*… Finalmente vino el estreno de la obra. Yo toqué con gran satisfacción en varias partes de México, en El Salvador y en California. El maestro Vásquez tenía la idea de llevarme a tocar esta obra -y quizá también el Concierto para piano, de Ponce- a Europa, pero por desgracia, murió. Es una obra de sorprendente envergadura técnica y expresiva, y sin duda un Concierto que merece figurar en el repertorio mexicano.

«Salomón Kahn dijo de esta versión del Concierto:»… Vásquez no fue devoto del nacionalismo musical; sin embargo, su Tercer concierto para piano y orquesta, dedicado a Carlos Vázquez, incluye el tema Cielito lindo…» Kahn menciona que esta obra fue solicitada por una casa editora de Estados Unidos (?) para su respectiva publicación, pero no se ha hallado más que el manuscrito original, la revisión autógrafa, la partitura del copista y las partes manuscritas.

Por su parte, José Iturbi dijo sobre esta obra: «Mi opinión es que el Tercer concierto para piano y orquesta, del maestro Vásquez, está perfectamente bien escrito para piano, y lejos de ser un concierto con austero acompañamiento orquestal, es un concierto para piano y orquesta donde la parte orquestal está concebida con gran destreza, y su participación es tan importante como la del piano… Debo agregar mi admiración personal por el maestro Vásquez».

*Existen dos versiones de esta obra, la primera de 1936. Su estreno fue el 6 de diciembre de ese año, la solista fue Sara Caso acompañada por la OSU y bajo la dirección de Hans Kindler; la segunda versión data de 1954 y su estreno ocurrió el 27 de mayo en 1955 en San Salvador, con Carlos Vázquez al piano. Los pianistas que a lo largo de los años han interpretado esta obra, han sido: Sara Caso, Consuelo Villalón, José Iturbi, Sonia Finkel, Holda Zepeda y Carlos Vázquez, sin contar la versión más reciente a cargo de Arturo Nieto Dorantes.

A través del siguiente enlace comparto con ustedes la contribución de don José F., a esta interminable historia de traslapes y superposiciones, de arropamientos y juegos que vamos haciendo nuestros, olvidando que pertenecen a todos. Incluso desde antes de que nosotros creyéramos haber sido los primeros.

Porque vivir es recordar y no hay nada nuevo bajo el cielo. Ni siquiera de nuestro Cielito lindo…

Y porque cantando, se alegran los corazones…

Mi padre enfocó su versión, en el 3er. movimiento de su Tercer Concierto para piano y orquesta. Y como toda su obra, la firmó: Crear, amar…

La interpretación, magnífica como podrán comprobar, está a cargo del gran pianista mexicano Arturo Nieto y de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, (ya saben, la orquesta que mi padre fundó en 1936 y de la que fue su titular, nada más, 25 años) Todos bajo la batuta del maestro José Guadalupe Flores.

¡Tercer llamada, tercera, el tarareo ha comnezado!…

Las imágenes superiores, en el orden acostumbrado, corresponden a los maestros Arturo Nieto Dorantes y José Guadalupe Flores; la tercera nos muestra la carátula interior de la partitura del Concierto No. 3 para piano y orquesta de José F. Vásquez. La cuarta corresponde a una fotografía del maestro español José Iturbi, quien interpretó el mismo concierto en 1944.


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