La última nota sobre el podio

13 de abril de 2022

Seis meses y seis días antes de su muerte, el maestro José F. Vásquez habría de dirigir por última vez la última nota al frente de su orquesta.

De aquel domingo al medio día en el Palacio de Bellas Artes, un horario virtuoso implantado como costumbre de la orquesta y pensado en la movilización del público juvenil, ha sido rescatado el relato de Salomón Kahan; musicólogo, docente y crítico musical quien año con año había seguido de cerca la historia profesional del maestro y por tanto la vida de la OSU desde su nacimiento.

La crónica aparecida en el diario capitalino El Universal, el 29 de junio de 1961, extraída de una vieja fotocopia, no permite ver su totalidad y deja algunos huecos a lo largo de su contenido, sin embargo, todo lo legible revela el significado de aquel último concierto de uno de los fundadores de la orquesta universitaria en 1936; un director que por cierto durante casi toda su carrera, no acostumbró el uso de la batuta sino de sus manos.

Este es el cuerpo fragmentado del artículo rescatado:

Elogio del Maestro José F. Vázquez (mal escrito)

Con motivo de su retiro de la OSU

Impresiones Musicales

Estimadísimo maestro, la fecha del 24 de junio de 1961 (sic), será para mí, como amante de la buena música, y como observador de las actividades musicales en esta ciudad, una fecha memorable. Lo será no sólo porque en ese domingo hizo usted a la Orquesta Sinfónica de la Universidad tocar sorprendentemente bien dos obras dificilísimas para un conjunto como la OSU, que no es una orquesta de primer orden, y que son: «Don Juan» y «Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel», de Ricardo Strauss, un compositor que no ha figurado con demasiada frecuencia en los programas de la Orquesta de la Universidad. Este hecho sería en sí mismo suficiente para hacer para un amante capitalino de la buena música memorable la fecha indicada.

Pero este concierto tuvo para mí gran significación de otro carácter. Entre esta vez al Palacio de Bellas Artes con conciencia de la solemnidad del momento. Es solemne un momento, una hora o un día en que algo de trascendencia ha de pasar, y nosotros tenemos la conciencia de eso. Algo de especial importancia en el sentido de abrirse o de cerrarse un capítulo en nuestra vida individual o en la vida colectiva.

La solemnidad del séptimo concierto de la presente temporada de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, se debía, para mí, al hecho de que en la experiencia de los amantes capitalinos de la buena música, se cerraba un capítulo, un capítulo importante.

A quienes nos encontrábamos en la sala de espectáculos del Palacio de Bellas Artes, cuando usted estuvo dirigiendo este concierto, nos embargó la emoción, algo nostálgica, que siempre produce el hecho de despedirnos de alguien que ha tenido una intervención importante en nuestra vida espiritual.

Fue el séptimo concierto de esta temporada de la OSU, de hecho el de su despedida, maestro. Se estuvo usted despidiendo de algo que había llegado, a través de los años, a formar parte orgánica de su vida como músico-artista; cerraba usted un capítulo de su carrera, como director de orquesta. Fue este el último concierto de usted en el podio de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, de la cual, quién sabe si esta audición no fue una de las dos últimas de su existencia.

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Cuando escuchó usted, maestro, las muy merecidas dianas que le tocó la orquesta, una vez terminado el programa, no pocos entre el público, que esta vez la aplaudió con especial calor, se dijeron en su fuero interno: «Esta demostración de reconocimiento y simpatía, no se refiere sólo al concierto que acaba de terminar, sino a muchos más; se le deben al maestro Vásquez, por los veintitrés años (sic) de su labor al frente de este conjunto sinfónico, del que él es el fundador y hasta la fecha fue su titular.

Se le debe al maestro… el aplauso por los largos años de labor tenaz, paciente, venciendo todo tipo de obstáculos, jamás tomaba… los miles de sinsabores a los que ha estado ligada íntimamente la vida de la Orquesta Sinfónica de la Universidad… labor que más de una vez se parecía al trabajo… de Sísifo… pues cada vez había que comenzarlo todo de nuevo comenzando por hacer antesala con quienes tienen voz y voto en esta clase de… Cuando el maestro Vásquez finalmente lograba… que habría nueva temporada, se podía hablar de un milagro, aun que en el sentido en que lo entendía el finado Presidente de Israel, doctor Jayim Wiezman, de quien es este aforismo: «Milagros suceden pero con la condición de que estén perfectamente preparados». Así ha logrado el maestro Vásquez, llevar a la OSU hasta la celebración de su vigésimatercera temporada (sic)

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También estuvieron pensando a la hora de los calurosos aplausos, en otro de los méritos de la labor realizada por José F. Vásquez de los… de su régimen como el titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad: ha creado paulatinamente un público muy especial en los conciertos de la OSU; público devoto a estos conciertos sinfónicos dominicales: público cuya gran mayoría ha sido y sigue siendo la juventud estudiantil, entusiasta y agradecida; un público de cuyas filas se reclutan más tarde … para conciertos de otras orquestas. Da gusto ver la alegre y simpática grey en los pasillos durante los intermedios y escuchar sus comentarios, llenos de calor y de felicidad.

A la vez llegaba a la mente… la oportunidad de ir conociendo artistas… de la batuta que subían al podio de la OSU en calidad de directores invitados. No todos representan la categoría… pero hubo entre ellos casos cuya actuación al frente de la frente de la Orquesta de la Universidad fue de verdadera trascendencia… Sirvan de la consideración…

Hasta aquí las letras del maestro Salomón Kahan; el resto del artículo perdido dentro del capricho del escaneo, probablemente sirva para seguir su búsqueda hasta que sea posible su completa reproducción.

El testimonio da cabida a la rigurosa observación que Kahan hace de la prolongada andadura del maestro Vásquez como director de la OSU, y resalta la multiplicidad de resultados prácticos conseguidos, junto con el maestro Rocabruna, como difusores de la buena música no obstante las eternas dificultados presupuestarias que marcaron la historia de los primeros cinco lustros de vida de esta orquesta, con todas las limitaciones de un caso así, tanto dentro de su funcionamiento administrativo del día a día, como de las restricciones que acotaron su expansión a la hora de no siempre poder contratar solistas de gran renombre. Una situación que fue resuelta mayormente mediante la aplicación un conjunto de ideas novedosas, como la creación de concursos anuales que proveyeran de jóvenes talentos para tocar con la orquesta. Como la contratación de un solista para dos o incluso tres presentaciones en una sola temporada, con objeto de abaratar los costes de los traslados internacionales.

Asimismo, la orquesta acostumbró también dar la oportunidad a jóvenes valores del podio como directores huéspedes, e incorporó la venta de abonos con descuentos dirigidos al público joven, a los docentes, y a la gente mayor, como estrategia de venta, entre otras varias iniciativas.

Sin embargo, fue el maestro Vásquez quien a principio de la década de los años 50, tomó la iniciativa en búsqueda de mecenazgos privados que pusieron a salvo varias veces la supervivencia de la orquesta.

Las alianzas que consiguió cerrar con patrocinios en favor de su agrupación, vinieron a consolidar la etapa más vigorosa de la orquesta, hacia mediados de esa misma década, años en que la orquesta logró mejorar salarios que repercutieron en más y mejores contrataciones, tanto entre el elemento orquestal como en los solistas que vinieron por aquella etapa.

Llama la atención un párrafo que nos señala detalles de la labor de Vásquez fuera del podio, y describe la esencia que subyace en toda labor cultural frente a la realidad en un país como México…

» … los miles de sinsabores a los que ha estado ligada íntimamente la vida de la Orquesta Sinfónica de la Universidad… labor que más de una vez se parecía al trabajo… de Sísifo… pues cada vez había que comenzarlo todo de nuevo comenzando por hacer antesala con quienes tienen voz y voto en esta clase de…»

» Cuando el maestro Vásquez finalmente lograba… que habría nueva temporada, se podía hablar de un milagro, aun que en el sentido en que lo entendía el finado Presidente de Israel, doctor Jayim Wiezman, de quien es este aforismo: «Milagros suceden pero con la condición de que estén perfectamente preparados». Así ha logrado el maestro Vásquez, llevar a la OSU hasta la celebración de su vigésimatercera temporada».

La intrahistoria detrás del relato oficial casi inexistente, más aún cuando se quiere enfocar la de aquellos primeros años.

¿ Acaso también la ausencia de objetividad de un relato historicista, sin estima por sus orígenes?

En aquel lejanísimo domingo de junio, detrás del biombo de los años, quedaron las remotas aserciones de un testigo de primera mano que vivió los años del prólogo, de lo que hoy somos.

Y el adiós de un músico universitario de toda la vida.

-JJV-

Arriba aparece una reproducción parcial del artículo: Elogio del Maestro José F. Vázquez (mal escrito) , firmado por el crítico, musicólogo y escritor, Salomón Kahan, publicado en el periódico El Universal , unos días después del último concierto del maestro, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad, en el Palacio de Bellas Artes.


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